En un contexto de fuerte crisis económica, que en el último año arrojó 60 mil chicos más a la pobreza en la ciudad de Buenos Aires, los comedores escolares porteños recibirán 112 millones menos de raciones anuales que en 2015.

Este ajuste permanente que sostiene el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, sumado al achicamiento de las porciones del menú, la mala calidad de los alimentos y la dificultad del acceso a las becas alimentarias para los estudiantes, está vulnerando el derecho de los niños y niñas que comen en los colegios a recibir alimentos saludables, seguros y de calidad.

La obesidad infantil producto de la mala alimentación provoca trastornos en la atención y somnoliencias durante las horas de clase

Estos datos surgen del informe que elaboraron la Fundación Soberanía Sanitaria y el Observatorio de la Educación Argentina.

En la actualidad, más de 200 mil chicos y chicas se alimentan en las escuelas porteñas. El servicio está en manos de 21 empresas, a las que se suman 4 cooperadoras, una asociación civil y 2 cooperativas de trabajo, que proveen desayuno, almuerzo y refrigerio.

La Relatora Especial de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Hilal Elver, estuvo de visita el año pasado, y el informe para el capítulo argentino consignó que hay 1,7 millones de personas subalimentadas, y que 3,8 millones de personas padecen inseguridad alimentaria grave.

El aumento de precios de los alimentos hace que el acceso a la comida sea cada vez más difícil, y cuando acceden lo hacen a alimentos más baratos y de peor calidad nutricional, que  generan problemas de sobrepeso y obesidad.

La falta de control de los alimentos que se venden en los kioscos dentro o fuera de las escuelas contribuye sobremanera a aumentar la obesidad infantil

Entre el 35 y el 49 por ciento de los chicos de primaria tienen sobrepeso y las recomendaciones internacionales para abordar esto es mejorar los entornos escolares, que incluye no sólo la cantidad y calidad de los alimentos sino el control de los consumos informales, con kioscos saludables y reduciendo los alimentos obesogénicos, ricos en sales y azúcares y pobres en nutrientes.

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