La incómoda novela negra
La incómoda novela negra

 Por Alejandro Lagreca

El 2 de septiembre del año pasado María Inés Krimer presentaba su novela Noxa en el bar y teatro El Tano Cabrón. En abril de este año, el ministro de Cultura porteño, Ángel Mahler, ponía en duda la continuidad del cada vez más exitoso Festival de Novela Negra de Buenos Aires (BAN), al que sorprendentemente consideró poco rentable. Días atrás, el 10 de mayo, un importante director regional del INTA prohibía, valiéndose de una comunicación interna y del eufemismo “abstención irrestricta”, el uso del término “agrotóxico” a los trabajadores de la institución. Noxa es el nombre comercial de fantasía que Krimer eligió para el agroquímico devastador de la salud, es decir: un agrotóxico, que da título a su novela negra y la atraviesa como niebla ominosa. Sería ridículo hablar de censura directa o ataque frontal a una especie narrativa, claro está, o suponer que algún funcionario hubiera leído Noxa u otras obras que hayan perturbado la sensibilidad de sus intereses. Más ridículo aún resultaría pensar que el mundo de la cultura y el del poder y sus negocios sólo se rozan gracias a las casualidades.

La novela negra suele ser, precisamente, incómoda para los poderes establecidos o con intenciones de establecerse. Cultiva, entre otras malas costumbres, la de poner en tela de juicio la respetabilidad de las instituciones. No propone, como otras formas del género policial, juegos de lógica detectivesca ni muestra el crimen como una anomalía que altera circunstancialmente la rutina de una ordenada cosmovisión social. Tampoco construye protagonistas de moral intachable y dotes cognitivas extraordinarias para develar misterios. Trabaja en el llano sin descuidar el subsuelo. Conecta el poder con la violencia y la institucionalidad, la corrupción con la rutina o el esplendor. Destruye fachadas venerables en dos oraciones. Ni el asombro ni la moralización tienen cabida en ella. “El mundo es así, como lo muestro”, parece murmurar, “no será fácil cambiarlo; mientras tanto, lectores, cuídense”.

Noxa destila inquietud gracias al arte de María Inés Krimer. La voz narrativa es la de su protagonista, Marcia Meyer, periodista que acepta cubrir un piquete pueblerino con la esperanza de reencontrarse con Ema, su vieja amiga, y muchos recuerdos de infancia y adolescencia. La protesta es contra las fumigaciones permanentes de agrotóxico. El reencuentro, sin embargo, se pospone y dificulta. La única presencia cierta es la del Noxa y su entorno de disimulos motivados por el interés, el temor o la complicidad. La verdad, reñida con la supervivencia del pueblo, es una meta incierta en el laberinto de la soja-dependencia. Marcia decide investigar, llegar lo más a fondo posible. La acorralan los efectos que el Noxa produce en la población: enfermedad y desesperación o negación e hipocresía. Pierde hasta el apoyo del medio para el que trabaja. Tanto en el plano real como en el simbólico, sufre la tristeza de la pérdida. Gana revelaciones que, incluso, inciden en su pasado y se proyectan a futuro. Regresa a la ciudad con la desazón de una verdad que ni siquiera será publicada.

La novela de Krimer es impecable: narración, técnica y estilo en el más alto nivel. Si consideramos la trayectoria de la autora, no sorprende en absoluto. Desde otra perspectiva, cabe mencionar que, fuera del texto ficcional propiamente dicho, la edición incluye breves paratextos significativos: el epígrafe, con la cita de la definición de noxa del Diccionario de uso del español de María Moliner —“noxa: veneno”—, y la Nota de autora, que habla del Glifosato, los estudios sobre sus efectos tóxicos y la recalificación del producto que realizó la OMS a la luz de nuevas pruebas de carcinogenicidad. Más allá de estas referencias, la ciencia es morosa en cuanto a pronunciamientos definitivos. Cuestionamientos y dudas, mucho o poco razonables, se mezclan con solapados mecenazgos y doctos bandos en pugna. “La ciencia es basta, la vida sutil”, sentenció Roland Barthes en su famosa Lección inaugural, “y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura”.

Noxa fue publicada en Buenos Aires (2016, 160 páginas) por Revólver, una editorial independiente de Argentina especializada en el género negro.

En Gijón, del 7 al 16 de julio, se desarrollará la XXX Semana Negra y se entregará el prestigioso Premio Dashiel Hammett a la mejor novela de género negro publicada en el año 2016. Noxa está entre las cinco finalistas. Mientras tanto, en 400 ciudades del mundo, el sábado 20 de mayo pasado se realizó, otra vez, la Marcha contra Monsanto, una protesta a la que adhieren quienes repudian al gigante por considerarlo experto en ecocidios. Aquí, en Argentina, desde 2013, la marcha tiene incidencia en más de quince localidades, justamente las que no registra la cartografía de los grandes medios. De todos modos, si prospera la abstención irrestricta, la palabra agrotóxico no figurará por algún tiempo en los documentos del INTA. Seguirá, no obstante, en los libros, incluso en los de ficción, aunque los festivales literarios se apaguen en la noche oficial del pusilánime cambio porteño.

 

Referencias digitales

BAN: un ataque a la cultura. https://notasperiodismopopular.com.ar/2017/04/13/ban-ataque-cultura/

La censura llegó al INTA: no se puede mencionar la palabra agrotóxico. http://www.eldisenso.com/sociedad/la-censura-llego-al-inta-no-se-puede-mencionar-la-palabra-agrotoxicos/

INTA tóxico, del agronegocio a la agrocensura. http://lanan.com.ar/inta-agrotoxicos/

Premio Dashiel Hammett a la mejor novela de género negro publicada en el año 2016: Noxa, finalista. http://www.semananegra.org/

AM Del Plata. Literatura, el recomendado de Laura Galarza: NOXA, de María Inés Krimer. Una ficción sobre el crimen silencioso del Glifosato. http://www.amdelplata.com/segmentos/58514d65241470504099c197/ (AUDIO)

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