Una mirada crítica sobre dos aspectos de gobierno. La columna de Capanga

Comunicación oficial y situación salarial de los trabajadores. Daniel Capa desmenuza estos dos frentes que deberían abordarse con urgencia.

Por Daniel Capa

Por estas horas habrá que poner el ojo en un par de cuestiones que empiezan a ser vistas críticamente desde el interior de la fuerza propia del Frente de Todos. En especial en su base social.

Dos zonas clave que afronta al gobierno nacional en el marco de la pandemia: la comunicación oficial y la situación salarial de los trabajadores. Ambos temas están transitando por una zona gris que necesita de un panorama más alentador.

La última entrevista televisiva que se le realizó al presidente, pareció perseguir un objetivo que fue dar un mensaje a los acreedores de bonos.

No fue buena la entrevista. No porque los contenidos vertidos allí no hayan sido interesantes, siempre Alberto es interesante. No fue buena porque el reportaje pareció largo, y por lo tanto tedioso. Hay entrevistas que duran dos horas y parecen cortas. No es un tema de tiempos cronológicos.

Esta a la vista que en el gobierno nacional no sobran los que saben comunicar. Uno es Alberto Fernández, el principal comunicador de la gestión. ¿Es bueno o es malo que dos o tres días después de una extensa conferencia de prensa desde Olivos, donde anunció medidas concretas, gestione una nota extensa?

Siempre está latente el riesgo de saturar, lo que puede provocar la devaluación de la palabra en momentos altamente necesarias. Como en los finales de cada etapa sanitaria.

Sergio Massa es otro comunicador hábil y ágil, tal parece necesitarse en medio de una emergencia que contractura a gran parte de la población. Carla Vizzotti es protagonista de la información cada día y sus conferencias de prensa distribuyen agenda mediática. Y el jefe de Gabinete no termina de convencer a muchos propios acerca de su capacidad en esta materia.

La comunicación gubernamental está entre los aspectos a revisar. Especialistas insisten en explicar que la comunicación de un gobierno está íntimamente relacionada con su gestión.

Políticas antipopulares no se arraigan en el pueblo aún cuando fuese acertada su política de difusión. Los argentinos lo sabemos bien. La maquinaria del macrismo en ese aspecto no le sirvió para construir una mayoría electoral y después de cuatro años ya no engañaban con marketing.

Quizás el ejemplo adverso haya sido el triunfo de Cristina en el 2011, luego de transitar un duro camino en su imagen personal a partir del conflicto agrario de 2008.

En eso años previos a 2011, la comunicación fue importante, pero lo que definió la amplia victoria electoral fue la sucesión de medidas populares que resolvió y que cambiaron la calidad de vida de millones.

En esta etapa nos enfrentamos a una contradicción, que como siempre ocurre en los procesos políticos, el gobierno tendrá que resolver inclinando la balanza para el lado de los trabajadores.

Ya no es un problema de comunicación, sino de decisiones políticas.

Será difícil comunicar bien si no hay un freno estatal, en este contexto mundial y local, a reducciones salariales que el poder económico busca instalar como “normales y naturales”.

Los costos de la crisis generada a partir de la pandemia, la deben pagar los grandes ganadores de los últimos años y la debe afrontar el Estado en las condiciones que fueran.

No es promisorio para el futuro laboral de la Argentina (y del mundo, claro), que la parálisis económica haga recaer su crisis en los trabajadores.

El gobierno argentino debe mejorar su capacidad de comunicar el amplio dispositivo de resoluciones que emprendió en la emergencia mundial. No sería sostenible que el presidente tome a su cargo tamaña tarea, siempre. El desgaste acecha.

Pero también es clave que el Estado se muestre más firme frente a los empresarios ganadores durante el macrismo, mas domador de precios de la canasta familiar y mas integrador del movimiento obrero, que significa defender el salario.

Está claro que la etapa que viene en lo inmediato modificará agendas sociales. Y que las prioridades pasarán por la preservación del empleo y las condiciones laborales.

Pero el salario, y en estas circunstancias mas aún, es un ingreso alimentario que debe ser rodeado de elementos indirectos, como las reducciones tarifarias, el acceso más barato a la comida y otras.

El objetivo estratégico del gobierno popular sigue siendo el de la reconstrucción del aparato productivo nacional, con todo lo que ello implica en términos de empleo, mercado interno y poder adquisitivo de consumo.

La coalición gobernante está sólida pese a los intentos de mostrarla «agrietada”. Alberto, Cristina y Massa tienen un alto nivel de acuerdo. Y las encuestas de humor social son favorables.

Sin embargo, hay terrenos donde hoy parecen retrasados por las circunstancias históricas que toca afrontar.

Sostener salarios y empleos, aún cuando haya que discutir soluciones coyunturales, es condición indispensable para afirmarnos en una plataforma de despegue que nos aleje del neoliberalismo definitivamente.

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