Por Daniel Capa

La pandemia nos agarró como somos. No habrá que buscar allí tanto análisis complejo. Nos encontró como somos, tanto social como individualmente.

Nos agarró con el Estado que encontramos. En un enorme grado de destrucción y desmantelamiento, pero también con una conducción diferente desde diciembre, muy diferente.

Es contrafáctico describir cuál sería la situación argentina si el coronavirus hubiese estallado con un Estado dirigido por el macrismo. No lo sabemos, pero muchos lo imaginan. Países vecinos nos podrían aproximar a una hipótesis. Pero el macrismo no está dirigiendo el Estado.

Hoy está en manos de una gestión sensible a los sectores populares. Y el Estado es lo que es, somos la sociedad que somos y estamos las individualidades que estamos.

Todos y todas en una compleja interrelación transitando una etapa muy delicada y con futuro por momentos desconocido. Por momentos solamente, porque está claro que la puja de intereses se profundizará como indican gestos y acciones del presente.

¿Por qué esperar conductas sociales distintas a las que se expresaron en los últimos años en la Argentina? Como dijo alguno por allí, el que era garca en marzo, lo sigue siendo ahora. El que era gamba, también.

Los Movimientos Sociales fueron el eje de articulación, contención y canalización de millones de personas víctimas de las políticas antipopulares del gobierno de Cambiemos. Articular, contener y canalizar son ejes clave del concepto de la solidaridad.

Los sindicatos frenaron reformas estructurales en los últimos años que, de haberse concretado, hubiera significado el desmantelamiento de las conquistas históricas de derechos y la desarticulación del movimiento obrero.

El Movimiento Obrero Organizado es estratégico en el fundamento de la solidaridad. Las obras sociales y su militancia están volcadas hacia el dispositivo de emergencia nacional. Y los “trabajadores esenciales”, con mayoría de sindicalizados, están en la primera línea de combate contra el virus.

Y quienes siempre privilegiaron sus voraces intereses por sobre los demás, ¿donde están? Están, pero como siempre.

Son quienes se resisten a dar, quienes se aferran a sus tasas de ganancias fenomenales, quienes fagocitan (o intentan), a través de sus propios medios de comunicación, instalar un humor social vinculado al boicot sobre la gestión presidencial. De pura estirpe.

Y están los del medio, oscilantes siempre. Muchos soñando ser en la escala social lo que nunca podrán sostener, otros viendo con peligro la posibilidad de descender socialmente a partir de esta crisis feroz que vive el mundo.

Y juegan la suya, con egoísmo pero también con contradicciones.

Hay quienes exigen “libertad” para salir a las calles, pero a la vez se aterrorizan leyendo Brasil. Los hay también quienes presionan con cacerolazos desde sus cómodos departamentos.

Algunos no creen en el rol del Estado, pero exigen (y con razón) que el despliegue de auxilio económico sea más rápido, más ágil, más abarcativo. Raro liberalismo de pandemia.

La pandemia y la cuarentena nos agarró como somos socialmente. No hay sorpresas en las conductas. Puede haber tensiones, sustos, recapacitaciones, humor social, enormes gestos comunitarios o miserias humanas. Nada nuevo, por ahora.

Los tiempos duros, límites, peligrosos, expone gran parte de la verdad de la milanesa de nosotros mismos, que también pueden ser oportunidad de cambio cultural. Pero oportunidad de cambio cultural es batalla de largo plazo.

La fase inmediata que viene en la Argentina es dura. No es lo mismo transitar los primeros días de la cuarentena, que recorrerla después de más de 60. Desgaste, consecuencias económicas, fastidios, son parte de la nueva “normalidad”.

El gobierno del Frente de Todos mantiene un imponente apoyo popular combinado en sí mismo con demandas urgentes y necesarias. La demanda proviene de quien apoya, y eso requiere especial atención.

Los conflictos laborales a partir de decisiones empresariales para suspender, quitar salario e incluso despedir, la voracidad por aumentar precios y la presión por preservar privilegios, necesitará de un Estado con decisión para defender derechos. El Estado será una pata estratégica para lo que viene.

Pero la conducta individual también, tarea difícil la de respaldarse en la responsabilidad de cada uno, por cierto. Somos como somos, aunque avancemos a ser como podremos ser.

Los conflictos por intereses contrapuestos, la Argentina de la solidaridad versus la del egoísmo (y su obsesión por los negocios), seguramente serán pujas que se visibilizarán con fuerza.

En definitiva, la pandemia nos sorprendió así. Y para que negarlo, ¿no?

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