«Los rebeldes de Barrio Norte». La columna de Capanga

Los cacerolazos y protestas anticuarentena, la oposición radicalizada y sus responsabilidades políticas en la columna semanal de Daniel Capa.

Por Daniel Capa

“Hay cacerolas que con amor alimentan y cacerolazos que dividen e infunden miedo” (Curas Villeros)

“Los que crean que la cuarentena es mala, que prueben con el coronavirus” (Pedro Cahn)

Se registran movimientos inquietos en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires y en menor medida en otros centros urbanos. El gobierno del Frente de Todos recibe un amplio apoyo popular en este contexto de pandemia, aunque con reclamos bien fundamentados que provienen de sectores humildes de la población.

La acertada política económica y social de estos intrigantes meses, no se corresponde totalmente con la lentitud mostrada para acreditar las ayudas más demandadas a partir del parate de la actividad.

La principal oposición, que fue perdiendo adeptos desde aquel 40 por ciento electoral, sufre hoy las peleas internas que genera la troglodita posición de bastardeo que llevan a cabo Mauricio Macri, Marcos Peña y Patricia Bullrich, que no sorprende a la mayoría del pueblo pero si a dirigentes del propio espacio.

He aquí la razón principal de la ofensiva riesgosa que lo más concentrado de la oposición, en tándem con el poder económico y mediático, intenta desplegar en una Argentina cuidadosa y esforzada.

De los “rebeldes” de Barrio Norte, Palermo, Recoleta y algunos focos mas, se tendrá que encargar Horacio Rodríguez Larreta. Es un problema entre ellos. El Peronismo sigue gobernando.

El Jefe de Gobierno tiene demasiados problemas en el frente externo como para recibir alegremente la presión que le imponen sus aliados enardecidos de antiperonismo, que amenazan con impulsar el boicot a la estrategia diseñada por el gobierno nacional para afrontar la crisis sanitaria y la económica.

El peligro de desmadre de la pandemia en la ciudad más rica de la Argentina es muy preocupante. Lo que ocurre en villas, geriátricos y personal de salud contagiado, son el resultado de años de abandono del Estado en la Capital Federal.

Horacio Rodríguez Larreta es un gobernador. Como tal, su gobernabilidad está atada a las orientaciones generales que emanan desde el gobierno central. No es una cuestión ideológica, ni siquiera política. Ambas están presentes, pero “solo se trata de vivir” y en el caso de los gobernantes, de sobrevivir.

Los tontos que promueven salir a las calles a romper la cuarentena, influenciados por su referencia en Brasil están, objetivamente, enfrentados a su aparente referente local.

No deberán ser Alberto Fernández, ni Cristina, Ni Massa, quienes tengan que advertir las consecuencias del accionar peligroso de estos energúmenos (aunque lo hagan para señalar el daño que producen a los demás).

Será Larreta, será Santilli, serán ellos mismos frente a ellos mismos.

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