Opinión. Por Daniel Capa

El gobierno de Mauricio Macri mandó al pueblo argentino al descenso. Y se sabe que para aspirar a volver a la máxima categoría, es fundamental tener muy buenos resultados en los primeros partidos que se jueguen. Si no arrancás bien, se te complica el panorama.

El verano argentino 2020 tendrá un significado especial esta vez, ya que deberá marcar claramente los indicios de una nueva matriz argentina que ponga al país en el camino de su reconstrucción productiva, industrial y social. El calor será estratégico en esta oportunidad.

En las primeras semanas (y meses) del año, el gobierno popular que se avecina en medio de la catástrofe, actuará marcado por algunos ejes principales, aunque no únicos.

1) La urgencia social requerirá acciones inmediatas para ponerle piso a la tragedia del hambre y la exclusión.

2) La discusión con los acreedores externos (privados y FMI) será tan fuerte como necesaria, para dejar claro que la prioridad es la calidad de vida del pueblo argentino. Las políticas tendientes a bajar sustancialmente las tasas de interés especulativas formarán parte del diseño.

3) El arranque de la economía a partir de la recuperación salarial y de ingresos pondrá en el horizonte el cambio de paradigma en el modelo económico que se viene.

4) El acuerdo político, social y económico (que ya está en marcha) será el marco de las decisiones que apunten a la recuperación del mercado interno, la producción industrial, las exportaciones y el empleo.

Camino difícil, no lineal, que generará tensiones. Bastante de la fuerza con que se inicie, estará ligado a la legitimidad política que el pueblo argentino le ofrezca al nuevo presidente el 27 de octubre.

Se espera una batería de medidas desde el arranque, un shock distributivo para configurar un plan de reactivación que orientará a la sociedad en un sendero palpable de mejoría.

Se notará una agresiva asistencia estatal destinado a fortalecer los comedores comunitarios que ponga fin al hambre, planes inmediatos de creación de mano de obra intensiva para generar rápido empleo juvenil de proximidad, créditos personales por fuera del sistema bancario con la tasa subsidiada para rehacerse de herramientas productivas, abordaje del gravísimo endeudamiento familiar al que empujaron en los últimos meses.

¿Medidas solitarias?. No. Urgentes no significa espasmódicas. Están atadas a un contexto de acciones tendientes a impulsar el consumo como condición para reconstruir el trabajo. La urgencia es “parar la caída”. Y punto de partida para un despegue.

En los meses del verano veremos un Congreso activo. Receptor de iniciativas con la mira puesta en las pequeñas y medianas empresas que hoy son parte de la tragedia argentina.

Sobre PYMES se abordará la reformulación de políticas impositivas. El esquema productivo nacional ligado al mercado interno genera el 70 por ciento del trabajo argentino. El gobierno popular beneficiará el proceso de resurgimiento de la Pymes, y por lo tanto del empleo, a través de la reducción impositiva.

También habrá créditos especiales para el sector, con tasa subsidiada, que permita volver a empezar, salvar situaciones de quiebra, aliviar en parte la dramática realidad que sufre el entramado productivo del país.

¿Alcanza?. No. Es el comienzo.

Hay una particularidad que a la vez es una paradoja: la crisis a la que arrastró el macrismo a la industria, produjo que la capacidad ociosa de las empresas fuera importante. Hoy, hay sectores productivos que trabajan con la mitad de su capacidad instalada.

Esa situación hace que el proceso que viene, esté abocado a poner en marcha la maquinaria total de las empresas. Por lo tanto, no es una preocupación central la necesidad de invertir en bienes de capital.

El salario (y el ingreso en general), será lo primero. Todo comenzará desde allí. Al Pacto Social se ingresa con un aumento generalizado de salarios, jubilaciones y asignaciones, como condición para el congelamiento de precios claves de la economía: alimentos, tarifas, combustibles. Serán aumentos por fuera de las paritarias, con destino a recuperar lo caído, o buena parte de ello.

La recomposición del ingreso familiar se verá favorecido por lo que se denomina “el salario indirecto”.

La desdolarización de las facturas de luz y gas (que también se cree inmediato) y la ampliación de los subsidios sociales al consumo energético (hogares y empresas), indican un aporte sustancial a la ampliación del poder adquisitivo y por ende del consumo popular.

El rol del “salario indirecto” deberá ser explicado con mejores argumentos que en el pasado, para no ser “confundido” con desviaciones teóricas como podría ser el catalogarlo como “gasto” innecesario. El salario indirecto es una importante presencia del Estado en el impulso de la calidad de vida de muchos sectores de la sociedad.

¿Y como se financia todo esto?, preguntarán incrédulos y elitistas. Es simple, lo dijo Alberto Fernández con sencillez hace poco cuando lo interrogaron por el tema: “¿A usted le parece que no hay plata en la Argentina?”.

Se viene un verano movidito.

El gobierno popular delineará los ejes. Los discutirá y los llevará adelante. El poder de legitimación electoral será un impulso. Allí se sentarán el movimiento obrero organizado, los industriales, las pymes, los movimientos sociales, la iglesia, los partidos.

El horizonte es bien complejo, pero está la idea de subir de categoría. Nuevamente. Como sucedió en otros momentos de la historia nacional.

El arranque será decisivo. El ascenso significa marchar hacia un país con una matriz productiva que tenga base en el mercado interno y en las exportaciones de valor agregado. O sea, el centro en el trabajo argentino.

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