Ante el precario estado del aeropuerto de El Palomar y sus instalaciones con pasajeros esperando sentados en el pasto con sus equipajes, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, tuvo la brillante idea de “mejorar” el espacio con mesas, sombrillas y un foodtrack, en el marco de lo que denominó “la revolución de los aviones” por el desembarco de las low cost.
Julian Cook, el CEO de Flybondi -la empresa que comenzó a operar en la base militar-, fue el primero hablar de las “comodidades” del lugar con un mensaje en las redes, donde señaló que “el Aeropuerto El Palomar tiene la mejor sala de embarque”.
Lo que describió como la “sala de embarque” es un descampado sin ningún tipo de servicio extra ni protección ante el calor o eventuales lluvias, lejos de las comodidades que se espera en una terminal aerocomercial
Ante esa situación, un usuario sugirió poner sillas y sombrillas, propuesta que Dietrich aceptó. “Estamos viendo de poner un food truck. Buena idea la de mesas y sombrillas. Lo analizamos”, escribió el funcionario.
La low cost de Cook comenzó con algunos papelones, cuando Flybondi despachó el equipaje por camión en un vuelo de Bariloche a Córdoba, valijas perdidas y demoras. Tampoco pudo concretar el vuelo FO 2710 desde Córdoba y el avión debió volver a la pista por una falla en la aeronave que la empresa buscó minimizar. Otro vuelo de la aerolínea se retrasó ocho horas y otro se canceló, antes de la inauguración de El Palomar.
Pese a que Flybondi cuenta con un único avión, el Gobierno le asignó 85 rutas; 43 son de cabotaje y 42, internacionales.





































Si se hubiesen tomado el trabajo de ir hasta el aeropuerto sabrían que elegimos ir al pasto y que había lugar adentro.
Elegir está muy Bien, pero de lo que trata la noticia es que la sala de embarque es improvisada, sin normas de confort ni medidas Standard de seguridad, vos podes elegir, mi tía una jubilada que usa bastón no puede tirarse en el pasto.