La represión policial de hoy a los trabajadores de PEPSICO marca un verdadero punto de inflexión. No hubo límites y cobraron todos los que estaban ahí. Además de trabajadores y trabajadoras recibieron palos y gases políticos, sindicalistas, periodistas y gente que circunstancialmente se acercó a expresar su apoyo.

Se llevaron con destino incierto a numerosos trabajadores, algunos desmayados y sin recibir atención medica. La policía ingresó a la planta a los golpes, tirando la puerta abajo, como si se tratara de un allanamiento a una banda de delincuentes. Muchos trabajadores se atrincheraron en el techo y amenazaron con arrojarse al vacío si la policía continuaba con su avance en el edificio.

Macri y Vidal mantuvieron un silencio canalla frente al embate criminal contra trabajadores, trabajadoras, sindicalistas, dirigentes políticos (que por supuesto no eran oficialistas) y también a los periodistas que cubrían el desmadre policial para que no mostraran lo que ocurría. Un silencio que respaldó y avaló institucionalmente la criminal actitud. El Ministerio de Trabajo que okupa (sí, okupa, porque no conduce ni dirige) Jorge Triaca ni se dio por enterado del desastre de esta mañana.

La dirigencia de la CGT, con nombres y apellidos: Carlos Acuña, Héctor Daer y Juan Carlos Schmidt junto al resto de sus amanuenses no abrió la boca ni siquiera para expresar su repudio a la violencia manteniendo la vergonzosa actitud que viene poniendo en práctica desde el paro general del mes de abril.

La cohorte de seudo periodistas de los medios hegemónicos y de los otros que le van en zaga muy atrás (LN+,América, Canal 26, 11 y 9) haciendo análisis en los que criminalizaron de modo abierto y claro a los trabajadores y respaldaron (en algunos casos con silencios o falta de alusión directa) el accionar policial.

Este episodio doloroso, que pinta un cuadro de situación que no se veía desde la última dictadura militar, es la exégesis del desprecio con que este gobierno mira y trata a la clase trabajadora. A los trabajadores sólo palos, gases, precarización, represión, desempleo. Esa es la política de Macri y sus esbirros, Y utilizo este término porque no hay margen para llamarlos ministros, colaboradores, funcionarios, integrantes del equipo. Son simplemente eso, esbirros.

Resulta difícil imaginar cómo será el próximo capítulo de la política represiva después de haber visto el de esta mañana. Pero no será menor a este, eso seguro. Frente a este cuadro de situación surge la pregunta del título: ¿Pero qué carajo nos pasa?

Es difícil de entender cómo un país que albergó a la Resistencia Peronista tras la revolución fusiladora del 55, que enfrento al famoso Plan Conintes de Frondizi, que encaró y protagonizó el Cordobazo que echo a Onganía del poder, que resistió como pudo los embates de la última dictadura cívico militar, que salió a la calle a defender la democracia en los 80 frente a los intentos de golpe de los carapintadas, hoy esté tranquilo en su casa mirando lo que pasa por televisión.

¿Qué carajo nos pasa viejo?

En octubre hay elecciones de medio término en las que se presume (se presume nada más) habrá una derrota del oficialismo y aún así habrá que ver por cuanta diferencia, porque no es lo mismo ganar por 10 o 12 puntos que por 4 o 5. La correlación de fuerzas no es igual. Bien, ¿y mientras tanto?

¿Cómo es posible tanto silencio, tanta pasividad, tanto ensimismamiento? Cuesta admitir que no haya reacción de nuestra parte para exigirle a la CGT que convoque a un paro general, a los diputados y senadores opositores (pero todos ¿eh? todos, sin importar el partido al que pertenezcan) para que nos anuncien una marcha multitudinaria a Plaza de Mayo para repudiar esta política autoritaria, a los sindicatos para que hagan al menos una medida de fuerza simbólica en los lugares de trabajo que demuestre consternación y repudio a semejante cuadro de situación.

¿Qué carajo nos pasa?

¿Estamos esperando un muerto en la calle para salir y exigir y gritar y reclamar? Al que maten no lo van a resucitar por lo que el reclamo para entonces va a ser estéril. ¿Cuánto tiempo más llevará (Serú Girán dixit, tomo prestado) para que nos reviente el pecho en un grito unánime que le ponga freno a este gobierno que cada día que pasa, da sólidos pasos para convertirse en un régimen autoritario?

No hay más margen para desentenderse de la debacle que lleva adelante el gobierno de Macri, Vidal, Peña, Frigerio, Triaca y demás impresentables. ¿Que más se necesita para que la dirigencia social, política y gremial salga a ponerle un freno? Deberían darse cuenta que aunque estén de la vereda de enfrente, con su silencio complaciente y su pasividad también están promoviendo este desastre. Están activando una situación de violencia de caudales y proporciones incalculables. Si dejamos que estalle como una bomba, entonces las elecciones no nos van a servir absolutamente para nada.

Hay que parar el embate autoritario ya, sin demora, sin dudas, sin temores. O lo hacemos todos o nos van a pasar por arriba de manera mucho peor. Después no habrá tiempo ni para lágrimas ni para reclamos. Ni siquiera para respondernos a la pregunta del comienzo: ¿qué carajo nos pasa?

Marcelo Bartolomé

Sub Director de Portal de Noticias


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