Terminó el segundo round del debate presidencial, que arranco la semana pasada en Santa Fe, con un nuevo saldo positivo para Alberto Fernández, mejores performances para Lavagna Espert y DelCaño y un Macri que se centralizó exclusivamente en atacar al kirchnerismo y volver, como al principio, a culparlo de todos los males.

El presidente Mauricio Macri no pudo encontrar la manera de capitalizar la multitudinaria marcha del SiSePuede realizada este sábado en la 9 de Julio, con lo que podría haber mejorado su imágen ante el electorado.

Más allá de repasar lo que a su criterio fueron logros de su gestión, desde el comienzo puso en la mira a la figura del candidato del Frente deTodos, Alberto Fernández en particular y a la gestión del kirchnernismo en general, pero su discurso se fue vaciando a medida que transcurrían los minutos cayendo en lo que mejor sabe hacer: tergiversar la realidad, hablar de números inexistentes, negando por completo su responsabilidad en la crisis profunda del país e intentando polarizar aún más la elección entre el y Alberto Fernández.

Este, a su vez, fue muy contundente a la hora de responderle al presidente, dejandolo en lo que podríamos llamar «off side» tras cada intervención suya, reiterando y ampliando propuestas de gobierno y teniendo a su favor la posibilidad de ser el que cerró el debate. En ese sentido, el candidato del Frente de Todos volvió a salir airoso del debate, tal como ocurrió en la Unbiversidad Nacional del Litoral en Santa Fe, el pasado domingo.

Roberto Lavagna pareció sentirse un poco menos incómodo que en el primer debate, con una formulación de ideas más concreta y ajustada a los lineamientos del debate, conciliador en la mayoría de sus intervenciones y buscando atrapar la atención del votante de centro que no encuentra lugar ni el oficialismo ni en la oposición peronista-kirchnernista.

José Gomez Centurión prácticamente no se apartó de su discurso conservador pero aportó como novedad una mirada mucho más dura en materia de seguridad y accionar de las fuerzas policiales y militares, en consonancia con sus orígenes políticos. A la hora de criticar fue mucho más duro con Fernández que con Macri, tomando en cuenta que fue durante un breve lapso funcionario de su gobierno.

José Luis Espert acomodó un poco sus fichas y en esta ocasión fue mucho más claro y directo en su mirada de la realidad desde su encuadramiento ideológico: más liberalismo, mas mano dura, propuso construir más y mejores cárceles, desmantelar lo que denominó el aparato sindical mafioso y liberalizar por completo las relaciones laborales, apoyando claramente una reforma laboral mucho más extrema que la que propone Macri.

Y dejó una «perlita» al lanzar una clara amenaza a Juan Grabois cuando habló de la necesidad de limitar el derecho de protesta de las organizaciones sociales en las calles. Y ahí fue cuando dijo, mirando amenazante a la cámara y con el índice levantado: «ojo contigo Grabois».

Nicolás Del Caño tuvo una performance un poco más sólida que en el primer debate, poniendo en el centro de sus críticas al actual presidente más que a los gobiernos kirchneristas. No obstante, señaló al candidato a diputado nacional Sergio Massa cuando le recordó que el había propuesto bajar la edad de imputabilidad a 14 años, cuando abordó el tema de la seguridad.

En síntesis: fue un debate mucho más «picante», con mas interpelaciones entre candidatos, con señalamientos mucho más contundentes que obligaron a los destinatarios de esas lanzas a recojerlas y contestarlas, y en ese sentido Alberto Fernández salió mucho más airoso que el resto.

No habrá sorpresas el 27 de octubre. Las diferencias entre Alberto Fernández y Mauricio Macri seguirán siendo las mismas, punto mas punto menos, y es probable que José Luis Espert y Roberto Lavagna puedan recojer algun punto más en su favor gracias a sus exposiciones, mucho más claras y contundentes que en el debate anterior.

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