Guadi Calvo*.

El nuevo presidente francés Emmanuel Macron, ya se sabe, no es una buena noticia para nadie, a no ser que usted como él, sea accionista en varias empresas del grupo Rothschild o de Nestlé, cuyo actual CEO y fundamental mentor de Macron, el austriaco Peter Brabeck-Letmathe, considera, entre otras bellezas, que el agua no debe ser un recurso de libre acceso.

Macron, un engendro ya no tan extraño de la especulación financiera y los carteles mediáticos antiguamente conocidos como Medios de Comunicación, aparece para exterminar lo poco que entre el dueto Nicolás Sarkozy – François Hollande han dejado en pie del estado de bienestar francés.

Es por lo menos paradójico que justamente un 8 de mayo, cuando millones de franceses acompañados de otros millones de europeos y demás buenas conciencias del mundo festejan que la democracia haya evitado el triunfo de Marine Le Pen, la más insigne representante de la ultraderecha europea por no acusarla abiertamente de fascista, este baño de “democracia y libertad” le sirva al estado francés para disimular uno de los crímenes más oscuros y atroces de su historia.

Mientras el mundo libre, respira aliviado por el 63.85 % de Emmanuel Macron, a nadie se le ocurre conmemorar el trágico 8 de mayo de 1945. Este mismo estado francés, que refuerzas sus resortes democráticos, oculta hace 72 años, que en las mismas horas que se festejaba la derrota de la barbarie nazi, casi exactamente igual que ahora, en un alejado pueblo argelino el general Raymond Duval, por orden del general Charles De Gaulle, junto al ejército colonial compuesto fundamentalmente por senegaleses, y con el apoyo de los mercenarios de la Legión Extranjera, iniciaba una campaña represiva que solo duraría cinco semanas y serviría para poner a Francia, sólo por este hecho, en la misma lista de estados genocidas que con tanta razón le achacaban a la Alemania de entonces.

En el pueblo de Sétif, en la región de Constantina en el centro de Argelia, los pobladores habían salido a marchar, no solo para festejar la victoria sobre Hitler, al fin al cabo Argelia, al igual que muchas otras colonias francesas, había aportado cerca de 150 mil hombres a esa victoria, sino también para reclamar el fin del estado colonial que le había impuesto Francia en 1830.

Aquel día miles de argelinos desafiando la autoridad del subprefecto Butterlin, se movilizaron agitando banderas argelinas, pancartas con consignas como “Argelia Libre”, o pidiendo la libertad del entonces líder independentista Messali Hadj y cantando el himno nacionalista Min Djibalina (De nuestras montañas).

Butterlin dio la orden de dispersar a los manifestantes que se resistieron y se produjeron los primeros choques que según las autoridades dejaron 100 franceses muertos, aunque también se habla de los primeros 1500 muertos argelinos. La revuelta se extendió a las localidades cercanas como Guelma, Biskra, Hueso, Kherata y Constantino. En Guelma, se produjeron las primeras detenciones extrajudiciales y seguidas de ejecuciones sumarias de argelinos.

Tras aquellos sucesos y con el valor que nunca demostró frente a los nazis, esta vez sí De Gaulle ordenó reprimir las poblaciones civiles de Sétif, Guelman y Kherrata bajo el lema de “Una Argelia francesa”.

Duval no se detuvo en detalle y durante las cinco semanas siguientes arrasó aldeas, fusiló y torturó, violó mujeres, masacró niños y cada vez que encontró a aldeanos refugiados en cuevas o bien las taponaron para que no puedan salir y mueran allí ahogados o bien les prendió fuego. Buques de la armada bombardearon las costas de Kherrata, y las localidades costeras de Achas, los Acantilados y Mansouria. Esto obligó a la población a refugiarse en las montañas, por lo que fueron perseguidos por una escuadrilla de 18 aviones que se encargó de exterminar a los aldeanos.

La “heroica” campaña de Duval dejó cerca de 50 mil víctimas civiles. La operación de “caza del árabe” -como la llamaban los colonos franceses- por parte del ejército francés, contra un pueblo inerme que no solo había reclamado por su independencia, sino que ayudó a liberar a la propia Francia del nazismo, encendió la mecha de lo que pocos años después se empezaría a llamar la Guerra de Argelia.

De Gaulle sabía que la guerra había despertado un estado de inestabilidad política que se vivía en el mundo colonial francés y que si de alguna manera no daba un buen escarmiento al movimiento independentista argelino, podría replicarse en el resto de las colonias.

Lo que sádicamente la burocracia francesa llamaría: “los eventos o trastornos del Norte de Constantine” se mantuvo ocultó durante años. Recién para el triunfo del Frente de Liberación Nación Argelino (FLN) en 1962, algunas informaciones surgieron sobre los hechos de los que Francia guardó un elegante silencio.

El único reconocimiento cuasi oficial de su intervención en los “eventos” del Norte de Constantine llegó en febrero del 2005 por medio de su Embajador en Argelia, Hubert Colin de Verdière, en visita oficial a Sétif cuándo se refirió al hecho como una “tragedia imperdonable”.


El colonialismo, la única posibilidad de Francia.

Sin dudas los festejos por la victoria electoral de Macron no se extenderán por mucho tiempo, más allá de Francia y el resto de los “democráticos “del mundo, y tal como ha publicado algún medio, “Francia Liberada”, la obviedad es preguntarse ¿de quién? Pero ya no importa, lo interesante de estos festejos tan calurosos es porque se ha detenido al “populismo nacionalista”.

Los que sin duda no tienen nada para festejar, como siempre, son los países africanos y particularmente las ex colonias francesas, a las que desde hace ya más de 20 años Francia está intentado reagrupar, relegitimando su rol de metrópolis con el único fin de continuar con su sangría de recursos naturales.

A pesar de la independencia obtenida por la mayoría de esos países en los años sesenta, dr pretende evitar la competencia con muchas empresas occidentales, fundamentalmente chinas. Desde fines de los años setenta Pekín ha iniciado una expansiva ola de inversiones en infinidad de rubros, logrando posicionarse con una notable ventaja.

Macron depende del ordenamiento de esas 31 naciones africanas, que representan casi 120 millones de habitantes franco-parlantes, para remontar la crisis financiera, la desocupación y la inflación en Francia.

Países extraordinariamente ricos en hidrocarburos, en materiales fundamentales como el coltán o el uranio, pesca y con potencialidades geoestratégicas, en los que China tiene ya fuertes inversiones, obligaran a una política mucho más agresiva que la que tuvieron sus dos últimos sucesores.

La mayoría de las antiguas colonias francesas continúan manteniendo con Paris una dependencia económica y monetaria, como si los 57 años de vida independiente no hubieran significado nada. El Franco CFA (Colonias Francesas de África) creado por De Gaulle en 1945, sigue vigente en una quincena de esas ex colonias.

Como parte de los acuerdos de independencia por una disposición implementada por De Gaulle, las ex colonias debían seguir depositando el 100% de las reservas nacionales o Producto Interior Bruto (PIB) en el Tesoro Público francés. Aquella usurpación comenzó a reducirse recién a partir de 1973. En 2005 ese porcentaje se rebajó al 65%, y para entonces según algunos informes el total de los depósitos africanos en Francia llegaron a los 72 mil millones de euros. Este año los depósitos africanos han disminuido al 50%.

Macron en campaña se ha limitado a alguna referencia brumosa sobre cuál será su política respecto a África, mencionado aspectos sobre la lengua y la cultura francesa pero sin profundizar en cuestiones de inversiones y asistencias. Macron, ex ministro de economía del saliente Hollande, conoce muy bien esos números y si no ha presentado planes es porque no existen.

Tampoco el nuevo presidente se ha referido claramente a sus políticas para contener los movimientos wahabitas vinculados a al-Qaeda y al Daesh, o la nueva formación que ha reagrupado a pequeños organizaciones como al-Qaeda para el Magreb Islámico en el Sahara, Ansar Dine y el Frente de Liberación de Macina y al-Murabitoun llamada Jamaat Nasr al Islam wa al Mouslimin, (Grupo para la Victoria del Islam y sus fieles) que actúan en países de su injerencia, particularmente en la franja del Sahel y en el norte de Mali, donde la operación Barkhane del ejército francés continúa ininterrumpida desde 2012, conteniendo la insurrección tuareg, al tiempo que protege los ricos (y vitales para Francia) yacimientos de uranio.

Macron si de algo sabe es de especulación financiera y eso se trata de ganar sin invertir, de cobrar sin pagar nada, por lo que su respuesta a África queda bastante evidente.

* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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