Opinión. Por Daniel Capa

Es curioso cómo en la Argentina, la derecha conservadora desvirtúa los conceptos y las palabras, a veces con mayor suerte de instalación y otras no tanto. Las palabras o los conceptos, siempre tienen un valor en un marco determinado y mucho depende desde dónde cada uno la pronuncia. Y cuándo

Solo para tomar algunos términos que resultaron o resultan desvirtuados, ubicamos por ejemplo: “campo”, linda palabra, “perfumada de azar”, diría el maestro Santaolalla sobre la mañana campestre. El “campo” como definición, tuvo pretensión de quedar asociado a un sector de propietarios voraces que buscaron imponer que un gobierno popular “estaba en contra”. Patronales agrarias son patronales agrarias. Ni bueno ni malo.

“Campo” no es la Sociedad Rural Argentina o los grandes terratenientes modernos, al menos no son solo ellos. Quienes protagonizan los verdurazos tambien lo son. Y los trabajadores y trabajadoras rurales. ¿O no?.

El “subsidio” es otro concepto al que quisieron y quieren transformar en mala palabra. No cualquier subsidio es “malo” para el establishment, en general el que favorece al pueblo lo es. Aquí posiblemente haya un error del movimiento popular en no explicar correctamente el sentido de lo que significa el “salario indirecto” que, en definitiva, es el argumento lógico del subsidio.

Ni hablar de la “seguridad”, otra palabra que encierra un derecho pero que sin embargo la bastardearon hasta reducirla a una acción de “mano dura” y sinónimo de “abandono” por parte de los gobiernos populares.

No debe haber preocupación mayor en un gobierno popular que el de rodear de seguridad a los trabajadores. En toda su amplitud: seguridad social, seguridad laboral, seguridad personal y familiar. Pero ahí tenés a quienes quieren apropiarse del sentido.

Hay mas. El concepto de “Patria”, muy utilizado durante la dictadura. ¿Algo mas abarcativo y completo que “Patria”?. Para los militares de 76, la Patria eran los desfiles en medio de la entrega y el terror. En fin. Más abaratamiento imposible.

Volvamos al inicio. Cristina fue y es el peronismo racional. ¿Cual es el sentido que el macrismo y sus socios dan al concepto “racional”?

En la comprensión mas escolar, “racional” significa pensar, entender, evaluar, tener ciertos criterios y principios para lograr un objetivo. Adoptémos como propia esta definición.

¿Racional es el poder político y económico que nos gobierna hasta el 10 de diciembre?. Si. Pensaron, diseñaron y ejecutaron un plan de gobierno que devastó a los sectores populares.

¿Y Cristina?

Desde el comienzo de este experimento neoliberal y restaurador en diciembre de 2015, el conurbano bonaerense se fue transformando en la zona mas explosiva del país. Hoy, la situación en las barriadas populares es de límite o peor.

La figura de CFK en esos sectores es de una penetración que pocas veces se ha visto desde la muerte del General Perón. En realidad nunca visto desde Perón.

Allí, el liderazgo actuó y actúa como canalizador a través de organizaciones políticas y sociales que, si bien no todas se alinean bajo su conducción, no escapan a su ascendencia.

Si no hubo estallido es porque los movimientos sociales y el liderazgo político contuvieron con organización, reclamo y movilización. Fueron “dadores de gobernabilidad”, como gusta decir a varios.

En un país donde muchos analistas creen que sólo falta que alguien encienda la mecha para desatar un escalada del conflicto social, Cristina condujo con especial atención en no producir desbordes incontrolables. No porque no existan bases objetivas que lo posibiliten, sino porque es muy consciente de los costos humanos que ello produce en las filas del pueblo.

Desde el punto de vista de la construcción política, la ex presidenta tuvo un rol de primera línea, acorde a su liderazgo. Cristalizó gran parte de lo que hoy expresa electoralmente el peronismo.

Tuvo un recorrido pensado, realista y responsable, que corona con la vuelta de un dispositivo de unidad que gobernará la Argentina en un contexto extremadamente complejo de necesidades sociales.

El resultado electoral en la PBA de octubre de 2017, representó una aparente derrota a manos de un entonces mediocre ministro de Educación. Mala lectura del gobierno.

En otra muestra de conciencia y realidad, Cristina adelantó públicamente tres meses antes de esa elección, que si ella era “un estorbo para la unidad del peronismo en 2019, daba un paso al costado”.

Sin embargo, desde distintos lugares (oficialismo y oposición) insistían en su “vocación de violencia” y de “procurar la desestabilización”.

Hoy, su diseño estratégico para la recuperación de la industria nacional, el mercado interno, el salario y el empleo, desemboca en lo que ya todos conocemos: la vuelta al poder político del peronismo unido a través de las figuras de Alberto Fernandez, Sergio Massa, los gobernadores y, obviamente, ella misma.

Una construcción alternativa que avanza democráticamente, pacíficamente, aún en las brutales condiciones a las que son sometidos vastos sectores populares.

Enfrente, Pichetto promueve políticas xenófobas, negadoras del hambre y provocadoras contra los segmentos de la población que fueron empujados a la marginalidad por el gobierno que ahora defiende.

El senador no pierde oportunidad para fogonear el odio social y, por lo tanto, alentar las condiciones de rebelión popular.

Miguel Angel Pichetto es el portavoz de un discurso violento y desestabilizador.

Es el peronismo irracional.

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