Mauricio Macri, presidente de la Nación

La provincia de Santa Fe resultó ser el inesperado escenario para algunas definiciones del presidente Mauricio Macri que configuran cuál será el escenario  para el futuro cercano, es decir, luego de las elecciones de octubre.

Primero no dudó Macri en mostrarse confiado en que obtendrá un segundo período presidencial, cuando al responder una pregunta en la conferencia de prensa que brindo tras inaugurar el Metrobús de la capital provincial, sostuvo que muchas de las obras que el gobierno dice haber comenzado estarán terminadas en su segundo mandato.

Pero el dato más preocupante surgió cuando el presidente se refirió al déficit fiscal, al que en el comienzo de su presidencia atribuyó a la “pesada herencia” pero que la realidad de los hechos demostró que fue alimentado por su propia gestión de manera exponencial.

“Sabemos el cuantioso déficit fiscal que tiene Argentina; es un tema que tenemos pendiente de resolver, porque no es sostenible en el largo plazo”, disparó el titular del Ejecutivo. La lectura entrelíneas es clara: todavía falta lo peor y eso se llama ajuste brutal de las cuentas públicas con más recortes, despidos y precariedad en todos los ámbitos.

El déficit fiscal que el presidente atribuye a la supuesta “pesada herencia” es en realidad el resultado de sus políticas que lo aumentaron de manera exponencial

Luego de la enorme transferencia de recursos a los sectores más poderosos y concentrados de la economía, el estado quedó desfinanciado en casi un  50 por ciento de sus ingresos lo que derivó en una toma de deuda incontenible para solventar gastos corrientes.

La famosa “lluvia de inversiones” y los invisibles “brotes verdes” de Prat Gay jamás llegaron ni crecieron. El estado desde hace un año acrecienta su deuda y esa deuda hay que pagarla. El problema es que los que vamos a pagar esa deuda sideral somos casi 35 millones de argentinos. Los otros 5 millones o un poco menos son los beneficiarios directos del programa ultraliberal del macrismo en el poder.

Para eso llegó Dujovne al ministerio de economía y para eso se mantiene firme Sturzenegger en el Banco Central. Ambos son los artífices de la profundización del ajuste que, según todos los indicios, llegará después de las elecciones de octubre.

Un dato que pone de manifiesto que Macri sólo piensa en recortes está en la respuesta que le dió a Sancor, empresa que se dabte al biorde de la quiebra: les dijo a sus dueños que no habrá salvataje ni ayuda del estado hasta que la empresa no haga “un reordenamiento interno”. O sea: recorten gastos y sobre todo despidan gente. Después hablamos. El mismo planteo que le dio a la gobernadora de Santa Cruz para que el estado nacional ayude a las cuentas públicas provinciales.

Si hasta ahora se han sentido profundamente los costos del plan de negocios que lleva adelante Cambiemos desde el gobierno, con aumento del desempleo, recortes en áreas sociales, despidos a mansalva, caída de todos los indicadores económicos, el panorama que se avecina puede ser mucho más grave aún.

El ajuste que se plantea será mucho más salvaje, porque los casi 80 mil millones de dólares de deuda que el gobierno tomó desde su asunción no puede ser solventado simplemente con medidas coyunturales. Los organismos financieros internacionales tiene en carpeta algunos créditos puente para ir recortando el pasivo pero las condiciones exigidas son mucho más brutales que las cumplidas hasta ahora.

Sólo una derrota inapelable en las urnas de octubre podría morigerar las intenciones del gobierno. Pero eso depende de la inteligencia de la oposición para hacer una lectura correcta del escenario que se avecina.Las primarias son en agosto. Faltan apenas 3 meses. Parafraseando a Pablo Milanés,  es imperioso que el tiempo no pase para que las ideas no se vaya poniendo viejas.

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