Los líderes de China y Taiwan, Xi Jinping, y Ma Ying-jeou respectivamente, protagonizarán el próximo sábado en Singapur un hecho histórico cuando concreten la primera reunión de acercamiento entre ambos país, por primera vez en 66 años.
Después de que en 1949 el Partido Nacionalista de Chiang Kai-shek perdiera la guerra civil china contra el Partido Comunista de Mao, los derrotados huyeron y buscaron refugio en la isla de Formosa, momento en el que quedaron divididos en dos países, la China continental y Taiwan. Desde entonces, los líderes de ambos bandos nunca se han reunido, por lo que esta cumbre ha sido calificada de histórica.
Oficiales de ambas partes ya han confirmado que no se firmará ningún acuerdo ni se emitirá un comunicado conjunto al final de la reunión, y que con este encuentro solo «buscan consolidar la paz a ambos lados del estrecho». Sin embargo, todavía quedan por desvelar los detalles del evento, y muchos se preguntan qué es lo que tratarán ambos mandatarios cuando se vean juntos en la misma habitación.
Son muchas las especulaciones que girtan en torno de este encuentro aunque ninguna tiene un asidero concreto, toda vez que el silencio infranqueable define al comportamiento de ambas partes.
Para algunos analistas esta puede ser la última oportunidad para que Xi Jinping impulse la reunificación con Taiwan antes de que el partido de Ma, el nacionalista Kuomintang, pierda (como señalan todas las encuestas) las elecciones presidenciales del próximo 16 de enero frente al opositor y de tendencias independentisas Partido Democrático Progresista (DPP).
Otros análisis sugieren que, con la tensión en la zona subiendo a causa de las islas artificiales que está construyendo Pekín, China parece que quiere «calmar los ánimos» en la región, un objetivo en el que se enmarcaría la reciente visita del primer ministro chino Li Keqiang a Seúl o la prevista de Xi a Vietnan.
De acuerdo con esas miradas publicadas en algunos blogs internacionales, «el encuentro de Singapur podría ser parte de la ofensiva de seducción lanzada por Pekín» a sus vecinos del sudeste asiático que vaya más allá de las declaraciones di0lomáticas que,por lo voisto, hasta ahora no han sido efectivas.
Un tercer aspecto tiene su base de sustentación en las relaciones comerciales entre China y Taiwan, que desde la asunción de Ma en la isla se fueron fortaleciendo hasta llegar a los 200 mil millones de dólares de intercambio con los que cerrarán el año en curso.
Por eso, es posible que China trate de lograr «un compromiso de que la integración económica que está en curso con Taiwan continuará», incluso aunque el DPP se haga con el poder.

































