El legítimo presidente de Bolivia Evo Morales Ayma, derrocado hace dos semanas por un golpe de estado cívico militar policial, reclamó la ayuda y presencia de la Organización de las Naciones Unidas para detener lo que calificó de «genocidio», en tanto las vícitimas del accionar de las fuerzas policiales y militares son indígenas y campesinos, la mayoría del pueblo boliviano.

Desde México, donde está asilado, Evo comentó que “la nacionalización de recursos es el fondo del conflicto”, lo que originó una dictadura militar, hizo con fuerza un llamado a la Organización de Naciones Unidas (ONU) para frenar “esta masacre de hermanos indígenas que piden paz, democracia y respeto a la vida en las calles”.

El mandatario legítimo admitió que pese a tener absoluta libertad de movimiento en mexico, «aqui me siento como arrestado, estoy acostumbrado a estar trabajando desde las 5 de la mañana hasta las 12 de la noche, 1 de la mañana. Quiero ir a Bolivia y sumarme a las marchas de mi pueblo contra la dictadura» afirmó.

Y Evo también pidió, para aclarar lo que ocurrió en las elecciones presidenciales, convocar a otras organizaciones internacionales y al Papa Francisco para crear una Comisión de la Verdad.

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