Opinión. Por Daniel Capa

Luego del rotundo resultado de las PASO, se sigue observando una especial preocupación en periodistas (y otros) que hasta hace muy poco sostenían al gobierno de Macri, acerca del rol que va a tener Cristina en el futuro gobierno y de algunas definiciones que ellos caracterizan como “alarmantes”.

El hecho que este sector del periodismo no pueda resolver su anticristinismo, es natural. Lo llamativo es que continúen con esa prédica después del masivo apoyo popular que recibió el peronismo en las urnas que, a juzgar por los números proyectados, no parece condenar a la expresidenta, tal como le gustaría a sus “enemigos”.

A partir de diciembre, la Argentina será gobernada por el peronismo en el marco de una crisis global generada por políticas económicas que solo favorecieron a una minoría selecta. Todos damnificados.

El peronismo vuelve a gobernar por varias razones objetivas y una razón subjetiva: la unidad lograda que es inédita luego de muchos años, pero inédita también tras lo severo del desencuentro personal que sufrió.

Previo a las elecciones de 2017, Cristina anunció el camino de la unidad cuando expresó que no iba a ser “estorbo” para lograrlo. Por esos tiempos, Alberto Fernandez también se pronunciaba por ese objetivo. Y Sergio Massa, luego del resultado de aquel año, que estuvo por debajo de sus expectativas, impulsó al Frente Renovador hacia un perfil opositor.

Alberto Fernandez, Cristina Kirchner, Sergio Massa y los gobernadores, son el núcleo central del gobierno que gestionará muy pronto.

La conformación del gabinete, el diseño parlamentario del futuro oficialismo, el dispositivo federal de sustentación, es una cuestión de esta mesa.

El horizonte que va marcando la fuerza política ganadora tiene consenso entre sus espadas máximas. El camino de la reconstrucción comienza con medidas concretas contra el hambre y un mediano plazo que arranca con la recuperación salarial, beneficios Pymes, incentivos al consumo y generación de empleo.

El marco será un acuerdo social que conducirá el Estado, integrado por la CGT, los industriales, las Pymes, los movimientos sociales, la iglesia, etc., y en una dirección que reordene la vida de los argentinos que, con seguras tensiones, caminará hacia un modelo de país con centro en el pueblo.

Se viene un gobierno de reparación y restitución de derechos, un trazo grueso que viene de la mano de un acuerdo sólido y estratégico de sus principales dirigentes.

“Alberto es el indicado para esta etapa. No se trata solo de ganar las elecciones sino de gobernar un país destruído”, dijo Cristina hace poco. “Alberto es el hombre indicado para sacar Argentina adelante”, suele decir Massa.

¿Cual es la duda o la sorpresa de quienes están “muy preocupados” sobre el rol que va a ocupar la próxima vicepresidenta?.

La última etapa de recuperación de las condiciones de vida de la población a partir de 2002, se extendió por un par de largos años. Si bien no es justo comparar contextos, hay algunas similitudes y diferencias con aquella época.

La inflación 2003 y el endeudamiento con el FMI (solo para nombrar algunos) eran variables sensiblemente inferiores. La tasa de desocupación, los índices de pobreza (por caso) eran mayores.

Pero hay un elemento político que relaciona esta etapa con aquella: hace e hizo falta un dispositivo amplio de apoyo para conducir la salida. Nestorismo.

Va a gobernar el peronismo. Cristina es la dirigente mas importante y masiva del espacio. Y es quien ha favorecido mas claramente su construcción, a sabiendas de que el proceso que se avecina está mas anclado en 2002-2003 que en 2011.

Alguien podrá decir con justa razón que en los 90 también gobernó el peronismo. Sucede que ahora lo hace en un esquema de unidad planificada a partir de ejes comunes y, como elemento principal, gobernará después de doce años de gestión, que dejó una vara muy alta de derechos conquistados.

Caracterizada la etapa como de crisis global y emergencia en todos los terrenos (alimentaria, nutricional, laboral, industrial, etc.), lo que viene será un gobierno integrado con personalidades muy fuertes, y eje en el presidente Alberto Fernández.

¿Quien puede asombrarse que Cristina Kirchner, Sergio Massa o algunos de los gobernadores no vayan a discutir en su propio gobierno?.

¿Que hace pensar que esto es crisis y no coalición?. ¿Que lleva a imaginar que un gobierno peronista está pensado para conciliar con los “mercados” y no con los sectores populares?.

Alberto Fernández será el claro conductor del proceso político que viene. Si bien combinará mesas “chicas” en torno a temas concretos, resulta creíble que los ejes dirigenciales principales fueran un núcleo interno de discusión.

Alberto gobernará, ya lo dijo, respaldado fundamentalmente en los gobernadores. Por necesidad federal y por construcción de fuerza propia.

Cristina, nada menos que presidiendo el Senado, con Kicillof en la provincia de Buenos Aires, con un fuerte bloque en diputados, será una pata estratégica. Y Sergio Massa, posiblemente conduciendo la Cámara de Diputados, proyectará su figura hacia 2023.

¿Serán voces aisladas entre si?. No parece. Mas bien, habrá que aprender a transitar en coalición, algo que no remite a mucha práctica en las fuerzas populares.

Mientras tanto, hay periodistas (y otros) que necesitarán adaptarse a lo que viene. La dinámica argentina va transformando los contenidos y los formatos. No es bueno quedarse en la viejas recetas y los viejos conceptos.

El nuevo gobierno, sustentado por todos, sentará bases concretas para profundizar y desarrollar en el futuro. El debate 2023 ya llegará. Aún en nuestras filas. Mientras tanto, no hay diferencias sustanciales de las que preocuparse.

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