A una semana del lanzamiento del polémico bono a 100 años a tasas elevadísimas y que condena a la Argentina a pagar intereses durante cuatro generaciones, se van conociendo de a poco algunos detalles en torno de una operación que, cuanto menos, se la puede considerar como oscura y enigmática.
Llamó la atención de especialistas y economistas acostumbrados al análisis de este tipo de operaciones el hecho de que la suscripción del bono se haya hecho sólo por teléfono, con la intervención directa de 4 bancos internacionales y con información previa a un centenar de inversores cuyos identidades aun se desconocen.
El ministro de Finanzas Luis Caputo, único responsable de la emisión del bono, ya que la única firma que aparece en el prospecto es la suya (otro dato llamativo ya que no está ni siquiera la del jefe de Gabinete Marcos Peña Braun), no realizó el habitual road show que se lleva a cabo cuando se está por lanzar un titulo de de deuda con características diferentes de los comunes o habituales.
Ese es uno de los aspectos que más llamó la atención así como la falta de información absoluta brindada por el ministerio de Caputo para conocer los detalles de la suscripción, lo cual levantó sospechas incluso entre los economistas más afines al gobierno que siguen sin comprender el silencio.
Un dato para nada menor es que el estudio jurídico que asesoró al gobierno para la colocación del bono es el Cleary Gottlieb Steen & Hamilton de Nueva York. Es el mismo bufete jurídico que acompañó a la Argentina en el litigio con los fondos buitre y que entonces fue duramente criticado por la oposición política y financiera que hoy es oficialismo.
La tasa que deberá pagar la Argentina durante un siglo es, financieramente insostenible y ese es el punto más criticado, por encima de la extensión del plazo que, de por sí es insólito y que tiene como único antecedente a México, que lanzo un bono similar años atras por el mismo plazo.
El bono devengará cada 6 meses los beneficios con una tasa de interés del 7,125 por ciento. Esto significa que el acreedor tiene dudas serias sobre la capacidad de pago del emisor del bono y por esa razón eleva las tasas de interés por encima de la media del mercado como en este caso.
Caputo se encargó de afirmar a quien quiera escucharlo que la operación fue un éxito, que el plazo de 100 años es un dato menor y que además recibió felicitaciones de todo el mundo de parte de personas y entidades a las que nunca identificó. Fue enfático al sostener que lejos de perjudicar, traerá grandes beneficios al país que tampoco definió.
Pero llama la atención que este éxito tan rotundo como afirma Caputo no haya sido públicamene respaldado por las principales espadas del gobierno como el jefe de gabinete o su par de Hacienda, diputados o senadores para “batir el parche” con un éxito semejante.
Pero además, ni siquiera el presidente Mauricio Macri hizo referencia en ningún momento al lanzamiento del bono en sus últimas apariciones públicas lo que induce a pensar que Caputo quedó en absoluta soledad dentro del gobierno con esa operación.
La pregunta inmediata es cómo un ministro puede concretar semejante latrocinio sin que tenga cuanto menos el visto bueno o el guiño de la cabeza del Poder Ejecutivo y que esta, a su vez, lo haga público frente a la sociedad. Todo es demasiado oscuro, tenebroso e inexplicable.






































