Esperar que un personaje nefasto como Patricia Bullrich se ponga a empujar el carro para que el trance por el coronavirus sea lo menos tortuoso posible es, sin lugar a dudas, una utopía. Sin embargo, bien podría mantenerse al margen y no salir a tirar piedras mientras oficialismo y oposición aúnan fuerzas en medio de la pandemia. Pero no, ella tiene la obligación inmoral de capitalizar cualquier desliz del Gobierno.

Este martes, luego que explotó el escándalo por las compras del ministerio de Desarrollo Social, manifestó que la oposición no puede poner en cuarentena sus principios, en relación a la polémica por la compra de alimentos con sobreprecios.

«Desde la oposición no podemos poner en cuarentena nuestros principios. Lo que pasó con la compra de alimentos en primer lugar es una aberración», sentenció la ex ministro del gobierno de Mauricio Macri.

«Lo que ha pasado es una acción de corrupción absolutamente lamentable porque el funcionario echado tenía antecedentes similares anteriores en su paso por Almirante Brown», agregó Bullrich en declaraciones a la señal TN.

Quizá la exministra de inSeguridad crea que este tipo de acciones, como fogonear cacerolazos y pedirle a los funcionarios que se bajen el sueldo -ella no lo hizo cuando recorté 13% a los jubilados- es una herramienta válida cuando se acerque la hora de los comicios. No obstante, hasta sus compañeros de espacio PRO le están cuestionando las actitudes petardistas y desestabilizadoras que propicia en las últimas semanas. El tiempo dirá, pero Pato debería revisar sus inclinaciones golpistas que bien podrían dejarla fuera de la contienda electoral, cuando nadie la quiera cerca.

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