Por …@gabrieleiriz

Están desesperados y se nota. El gobierno recibió un cachetazo el jueves por la noche cuando se conoció la noticia que daba cuenta que el subsecretario general de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan, figuró como propietario de una empresa británica que manejó al menos 1,2 millones de dólares a través de un banco de Andorra, un paraíso fiscal utilizado por las mafias, el narcotráfico y grandes multinacionales para blanquear dinero obtenido a partir de prácticas ilegales.

Frente a la sorpresa Macri y su entorno ensayó una rápida respuesta que dejó mucho que desear: el presidente dijo que confía en sus funcionarios y que espera la respuesta de la Oficina Anticorrupcón -que comanda la ultramacrista Laura Alonso- y la UIF, a cargo de Mariano Federici, un un abogado que trabajaba en el departamento jurídico del Fondo Monetario Internacional, que tiempo atrás justificó la evasión y la fuga de divisas al sostener que es “entendible” la situación del “ciudadano que decide proteger sus ahorros o sus riquezas en jurisdicciones con leyes más seguras o con monedas más estables”.

 

Ahora, un comité de crisis busca una salida decorosa para el escándalo que generó este caso y que promete cobrarse el cargo del funcionario.

Antes de encontrase con los periodistas en Chapadmalal, donde el gobierno realiza su “retiro espiritual”, Macri se sentó frente a algunos de sus funcionarios más cercanos y escuchó la lista de temas que podrían surgir en las preguntas de los medios. Fernando De Andreis, secretario general de la presidencia y jefe directo de Díaz Gilligan lo puso al tanto de los detalles del caso. El Presidente adelantó que respondería  que confiaba en sus funcionarios, pero que esperaba que el subsecretario diera las explicaciones correspondientes a la Oficina Anticorrupción. Eso mismo dijo luego ante las cámaras.

Laura Alonso, espera que mañana Díaz Gilligan presente los documentos para explicar un enredo que hasta ahora aparece como inexpicable. Los técnicos de la Oficina Anticorrupción pedirán informes a Andorra sobre la cuenta bancaria, al Reino Unido -el país donde está radicada la sociedad titular del depósito en Andorra- y también a la Unidad de Información Financiera, que tendrá que buscar si existe salgún Reporte de Operación Sospechosa que mencione a Díaz Gilligan.

 

Mientras tanto, en el gobierno comenzaron a trabajar para despegar el derrotero de Valentín Díaz Gilligan de la suerte del Gobierno. “Si no explica bien lo que pasó, tendrá que irse”, dijo un miembro del Gabinete al diario Clarímn. “Si no declaró la empresa ante la AFIP es algo que hizo él como contribuyente y no como funcionario”, argumentó otro hombre muy cercano a Macri, otro funcionario más permisivo ensayó un respaldo al hombre en cuestión al asegurar que,“n i él sabe bien lo que hizo”.

Lo cierto es que ante la propagación de la información, Díaz Gilligan mintió y se embarró m,ás de la cuenta, le dijo al diario El País que había prestado su nombre a Casal por razones de amistad y que no recibió dinero por hacerlo. Es decir, se autoincriminó como testarferro del empresario uruguayo.

El mismo viernes, Díaz Gilligan habló con Clarín y con el canal TN y admitió que había sido accionista de la empresa británica propietaria de la cuenta andorrana y que no lo había informado al gobierno porteño cuando fue funcioario de la Ciudad y tampoco lo había declarado ante la AFIP.

Pero la suerte de Díaz Gilligan, parece estar echada. El gobierno de Cambiemos no encuentra una explicación para este escándalo y la única salida decorosa es pedirle la renuncia. Un ministro que participó de las conversaciones para buscarle una solución al problema político que abrió la publicación de la historia -según explica hoy Clarín- adelantó que la permanencia de Díaz Gilligan en el Gobierno será corta: “Van a esperar que opine la Oficina Anticorrupción y después se va”.

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