Reflexiones en cuarenentena por Gabriel Eiriz
Una nueva epopeya amarilla asoma como la refundación de la República y la defensa de las instituciones. Viejo y conocido latiguillo de la derecha argentina que, como antaño, aprovecha toda oportunidad -por inoportuna que resulte- para anotarse en la agenda pública, pero sobre todo mediática. Ya no golpean los pórticos verde musgo, son tiempos de entrar genuflexos en los iluminados cuarteles de la tele.
La cruzada de los legisladores de Juntos por el Cambio, que intentaron -sin éxito- bloquear el normal funcionamiento del Congreso Nacional bajo la ridícula excusa del valor presencial de la épica legislativa, que ciertamente atrasa por siglos, tuvo el corolario esta semana con una pretendida Travesía por la Democracia. Así, los titanes del marketing registraron el viaje en autos -en medio de la cuarentena- desde los distintos rincones de la Patria hacia la sede del Gobierno Federal en el rincón centro-este del país.
Son los díscolos de los tiempos que corren. Bufones del siglo 21 cuyo único objetivo aparente es llenar las redes de selfies, videos ruteros y mensajes apocalípticos. Tan burda y vulgar resultó la empresa que montaron que ni sus pares se subieron a la parodia. Tanto fue el ridículo que las críticas amigas llovieron como gotas plomo.
“No me simpatiza la travesía por la democracia…en lugar de sentarnos a resolver el problema y dar tranquilidad a la gente armamos un circo como éste”, disparó Martín Lousteau, aliado de Larreta y referente del cotinosiglismo vernáculo.
El hashtag #CongresoAllaVamos, fue el slogan elegido para instalar en el imaginario popular una pretendida marcha cual renovado cruce andino hacia la libertad del autoritario populismo fernandista.
Hoy, la política se debate entre la vida y la muerte. Tanto por la pandemia como por los efectos nefastos que inocula en la economía. La realidad que vivimos es solo comparable con una obra Kim Sung Soo. Cada decisión es significativa y trascendente. No hay espacio para carancheo político. Menos aún de los responsables del estado de indefensión en que el país se encontró con la emergencia sanitaria.
El sentido de la gesta: forzar una sesión presencial para avalar las sesiones virtuales. Algo así como juntarse para acordar una videollamada. Ciertamente, la búsqueda pasaba por otro lado: la punta de lanza de lo que será la larga campaña electoral de cara al 2021 con la esperanza que el corona horade las posibilidades del oficialismo. Las cartas están sobre la mesa, el pelado de Parque Patricios y el cheto de Vicente López juegan a dos puntas. Aman y odian en la misma foto y se erigen como la promesa del orden amarillo. Mientras tanto, los puros rechazan el acuerdo político transitorio alarmados por el avance de los traidores.
¿Y todo esto para qué?. Mario Negri, gran promotor -junto a Michetti y Ritondo- del nuevo relato M, salió corriendo de la Comisión de Labor Parlamentaria para llegarse a los estudios de TN. Dijo que «no se puede votar leyes aún por videoconferencia porque todavía no se modificó el reglamento». La Corte, sin embargo, advirtió en el fallo de «rechazo» a la acción declarativa de certeza presentada por la presidenta del Senado, Cristina Kirchner, que “El Senado de la Nación tiene todas las atribuciones constitucionales para interpretar su propio reglamento en cuanto a la manera virtual o remota de sesionar, sin recurrir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación«. La regla aplica para diputados también.
«Nosotros no estamos cerrados al sistema de sesiones remota o mixtas. Estamos queriendo acordar, sólo que observamos que no hay diálogo político sincero», insistió el cordobés cambiemita.
Cuando no se entiende la dimensión de la coyuntura se desnuda la inutilidad de las personas. No hay espacio para la estupidez. Las bases sobre las que se cimenta no resisten ladrillos huecos, y el sector mas radicalizado de la oposición ostenta un vacío político de proporciones. Algo así como definir al gobierno de turno como más perjudicial que el propio coronavirus. ¿Se entiende con quienes lidiamos?. Impera recordar. Esta gente ilustrará las boletas del año próximo. ¿Vale «botarlos» al ostracismo?.






























