Opinión-Por Marcelo Bartolomé

La CONADEP fue un instrumento de absoluta y vital importancia para poder esclarecer los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívico militar, impulsado por el ex presidente Raul Alfonsín. Se trataba de revisar un pasado siniestro y lograr que los responsables de esas atrocidades sean juzgados con todas las garantías que brinda la ley.

Para los que hablan que fue solo para los dictadores, les recuerdo que hubo otro decreto de Alfonsin que invlucraba a varios de los jefes de las organizaciones guerrilleras que se escaparon como cobardes para no afrontar sus propias decisiones. Sólo un par pudo ser atrapado y juzgado.

Ahora, ¿una CONADEP para periodistas? No, no estoy de acuerdo con ese esquema. CONADEP hubo una sola y es la que describí.

Pero sí estoy absolutamente de acuerdo, no con juzgar a toda la manga de presuntos periodistas cómplices y encubridores de este gobierno, sino de dejarlos claramente expuestos ante la sociedad para sepan que les mintieron, los estafaron, les vendieron medias verdades, tomaron la parte por el todo para justificar lo injustiicable. Negaron, taparon, ocultaron, defendieron lo indefendible.

Exponerlos claramente (que no es lo mismo que escracharlos) para que todos los que alguna vez creyeron en ellos sepan que son sólo una manga de mentirosos, operadores políticos a sueldo, que trabajan únicamente de acuerdo a la cantidad de dinero que reciben para satisfacer sus egolatrías.

No hay que juzgarlos judicialmente porque estaremos entonces destrozando a la libertad de expresión a la que todos tenemos derecho. A mi no me preocupa que a partir del 10 de diciembre sigan hablando por los medios, (algo que no tengan dudas va a ocurrir) y que con ellos habrá que pelear durante el mandato del Frente de Todos cuando llegue al gobierno.

Quiero que se sepan sus nombres, sus caras, lo que hicieron, lo que dijeron, para que quede en la memoria que todos ellos fueron co-responsables de la destrucción del país con su ejercicio impuro de la profesión. Pero que sigan hablando, trabajando, no los quiero censurados.

No quiero eso porque será ponerme en la vereda de enfrente, de la de estos muchachos que durante cuatro años persiguieron, censuraron no sólo periodistas sino incluso a quienes se atrevían a cuestionar al gobierno a traves de sus redes sociales.

En el amanecer de la democracia, apareció en las librerías y quioscos una revista-librito hecha a pulmón que se titulaba «La Prensa Canalla» donde se recordaba cómo operaron los medios a favor de la dictadura. Pasó casi sin pena ni gloria.

Escribamos libros, hagamos ensayos, despleguemos analisis, hagámoslos públicos, no olvidemos lo que hicieron y lo que dijeron. Pero no quiero ni persecuciones, ni juzgamientos penales o judiciales. Quiero sí, que el pueblo sepa que no sólo Macri y su pandilla les mintió. Esos sujetos, que de ninguna manera son mis colegas, lo hicieron tambien.

No cometieron delitos penales. Pero atentaron contra nuestra conciencia y la credibilidad del periodismo. Eso no se juzga en tribunales (salvo que haya delitos comprobables como extorsiones, coimas, aprietes, como en el caso de Daniel Santoro). Se juzga en nuestras conciencias para que aprendamos a quien leer, a quien escuchar, a quien mirar por tv, a quien creerle y a quien no. Con eso, creo, es suficiente.

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