Alfredo Astíz, uno de los baluartes más ignominiosos de la última dictadura cívico militar, abrió la boca para decir su alegato en el fin de la la megacausa ESMA III y provocó un revuelo al hacer referencia al accionar de la Gendarmería en el caso de Santiago Maldonado y trazar un paralelo entre la década del 70 y el activismo de las comunidades Mapuche en reclamo de sus tierras, calificando su accionar como el de un «grupo terrorista».

Con sus palabras, Astíz hizo un aporte formidable a las posturas negacionistas del gobierno en materia de derechos humanos y en torno de la prosecución de los juicios a todos los responsables del genocidio perpetrado durante la pasada dictadura.

Además de revindicar el terrorismo de Estado, como suele hacer en sus alegatos, ensalzó a la Gendarmería por la supuesta amenaza de «movimientos secesionistas» en la Patagonia y minimizó la desaparición de Santiago Maldonado.

“La guerra contra el terrorismo es sin tiempo, únicamente se pueden ganar batallas”, aseguró el ex capitán de fragata, responsable de infiltrarse en la Iglesia Santa Cruz para secuestrar a las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet y a  las principales referentes de las primeras Madres de Plaza de Mayo, entre otros delitos.

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