El presidente de la Nación Maurcio Macri insiste en vender espejitos de colores. No obstante, sus asesores no gozarían de gran lucidez. El sector que eligieron para llevar al jefe de Estado en su visita a una pyme bonaerense viene atravesando una de las peores crisis en décadas.
Acompañado de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, visitaron esta mañana una pyme del municipio de Vicente López, especializada en pastelería artesanal, que este año confirmó su proceso de crecimiento con la ampliación de su planta productiva y la contratación de más personal.
Se trata de Cook Dulcería, una pastelería que comercializa sus productos tanto en forma minorista como al por mayor. Según aseguraron en un comunicado la firma provee a un hipermercado e importantes cadenas de cafés.
Sin embargo, la realidad es muy diferente a lo que el gobierno pretende hacer creer. La firma trabaja con el FOGABA (Fondo de Garantía de Buenos Aires) desde el año 2008 y fue la provincia la que financió la ampliación de las instalaciones gracias a un crédito garantizado por ese organismo.

Pero evidentemente estamos hablando de un caso excepcional, ya que el rubro está hecho pedazos. El mes pasado representantes del sector de producción de panificados calificaron su situación como “desesperante”, en un contexto fuertemente marcado por el aumento de los costos y una violenta retracción del consumo.
Las panaderías se sumaron así a otras PyMEs tales como productoras de calzado o textiles, que se han hundido en la crisis que dejó en este año y medio de gestión macrista.
Las propietarias de esta firma, Kitty, Barby, Coni y María, relataron que mudaron la fábrica, que funcionaba en un espacio de 400 metros cuadrados, a uno de 1300 y además agregaron turnos e incrementaron la línea de producción para satisfacer la demanda. Pero omitieron decir que la inversión vino de la mano de la provincia de Buenos Aires a través del FOGABA.

Las cuatro afortunadas lograron escaparle a la crisis que atraviesa el sector panaderil que el mes pasado se declaró, por primera vez en su larguísima historia, en estado de “emergencia”.
A principios de abril, la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (Faipa) se declaró en “estado de emergencia económica nacional” y comenzó a reclamar, sin éxito hasta el momento, la conformación de una mesa sectorial entre el Gobierno, las provincias y los sindicatos del área para limitar una crisis que, entre otros aspectos, ya ha implicado el despido de hasta un 20% de los trabajadores del sector.
La caída de las ventas de las panaderías durante el mes de abril alcanzó a un 30% respecto del mismo mes del año anterior. En la Ciudad de Buenos Aires se llegó al 40% de caída. Según estiman representantes del sector, los costos han aumentado entre 30 y 40% en el último año, respondiendo sobre todo a los tarifazos en los servicios esenciales para la producción, tales como luz, gas y agua, y a la tendencia al alza de insumos como el trigo.
La retracción del consumo hace imposible para los comerciantes trasladar el incremento de costos al precio, por lo que las cuentas ya no cierran de ninguna manera.
Jorge Alonso, secretario de la Asamblea Pequeños y Medianos Empresarios (delegación Córdoba) y propietario de una panificadora de esa provincia, explicó que “Hemos tenido una caída en las ventas importante, ha habido un cambio en el tipo de consumo. Las especialidades y los productos que tienen un poquito más de valor agregado se cayeron y la gente lo único que consume prácticamente es pan y pan criollo, que es lo que hoy le salva la tarde, la media tarde y hasta la noche a la clase media-baja y baja”.
“Esto es un cáncer que va avanzando y devorando algunas partes. Este proceso viene mucho más rápido que el de los 90. Después, chau, viene la paz de los cementerios. Ahí se van a dar el gusto de no tener inflación”. “No hay señales para empezar a creer, para colmo es la misma película que ya vimos, con los mismos personajes”, concluyó Alonso.



































