Roque Ruiz

Es frecuente que quienes admiran el arte más de una vez se angustian por no haber sido contemporáneos -y lo viven con nostalgia- de aquellos maestros incuestionables de la música, de la pintura o de la escultura, deseando fervorosamente poder haber asistido a conciertos de Mozart, de Beethoven, o a muestras de Van Gogh, Renoir, o ver cómo Miguel Ángel dirigía la Capilla Sixtina: algo similar nos acurre a nosotros con Cristina. Sin salvar las distancias, nos consideramos privilegiados de ser contemporáneos de esa mujer. En efecto, ella ha sabido multiplicarse, doblando o triplicando la apuesta, desde la más absoluta adversidad – lo que la hace admirable-, poniéndole el pecho a sus detractores, que siempre la consideraron previsible porque no les ha dado el corazón para conocerla.

El 2 de diciembre de este año, hemos asistido a una muestra de coraje y de dignidad política: cualquier mujer que haya visto ese alegato debió haberse sentido orgullosa de pertenecer al género femenino; y nosotros, los hombres, aunque sea por tres horas y media, también.

Se dice, y dentro de nuestras propias huestes, que fue una barbaridad que no se haya permitido la televisación en directo del alegato de la ex presidenta; yo pienso que no pudo haber sido de otra manera. Decía Silvio Rodríguez que «las serpientes se destruyen cuando se llega a su estómago y se plantea con un verso una verdad»: permitir el alegato en vivo, de manera televisiva y abierta, era como asistir al suicidio de la derecha compuesta por una coalición mediática y judicial, y aplaudida por las marionetas que gobernaron los últimos cuatro años.

Es obsceno el contraste, desde todo ángulo, entre los doce años en donde se respiró un profundo aire fresco en la Argentina, y la pesadilla de los últimos cuatro años: nuestro pueblo, de manera inconsciente, le dio la oportunidad a la derecha para ver si se podía mejorar algo de lo que ya tenía y, en medio de una profunda decepción, renace Cristina, que con su generosidad riega a nuestro pueblo de esperanza. Pero se equivoca al decir que la historia la va a absolver:

Eso lo pudo decir Fidel cuando era un muchacho de 27 años que recién iba a empezar a transitar la historia: la historia a Cristina no tiene que absolverla de nada, todo lo contrario. Es la historia la que debe estar agradecida con nuestra ex presidenta.

Así, como diría un cronista radial, ella no eligió la historia: La historia la eligió a ella.

*Roque Ruiz (60) es abogado, fue profesor Adjunto de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UBA entre 1991y 1996. Profesor Adjunto de Instituciones de Derecho Público de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA entre 1988 y 1997.
Desde 1997 se desempeña como Profesor Regular Adjunto Ordinario de la Facultad de Ciencias Económicas de la materia Instituciones del Derecho Público

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