El tranvía del 17 de Octubre
Por Roque Ruíz

Se suele decir que los gobiernos populares son preferidos por la gente que se encuentra en situación de pobreza, situación de pobreza que ha sido generada por los gobiernos que apuestan a la exclusión y a la concentración de riquezas: esta es una verdad a medias. Quienes hemos sido privilegiados por este sistema y no hemos tenido la desdicha de ser pobres, ni desde nuestra cuna ni por el transcurso de nuestra vida, también estamos en condiciones de acompañar gobiernos populares. Es cierto también que los sectores beneficiados por la exclusión y la correspondiente concentración nos consideran traidores, idealistas, ilusos, utópicos, porque en el fondo nunca han entendido, ya sea por ignorancia o por conveniencia, el sentido de la otredad.

Cuando el otro es un diferente o un diverso y se siente contenido por una política de inclusión -como hemos asistido en la República Argentina en el marco de la llamada década ganada, o como sucedió en Bolivia hasta el 10 de noviembre-, estos cobardes utilizan la fuerza de la represión institucionalizada para intentar disciplinar a esos seres «inferiores» que son discriminados por su etnia, por su color de piel o por su actitud de lucha. Y digo que son cobardes porque no pueden probar que son superiores, se creen superiores porque se sienten superiores. Pero lo cierto es que la historia de la humanidad demuestra que pudimos sobrevivir a la gran batalla contra la naturaleza, que la dimos en lo más profundo de nuestra historia cuando éramos cavernícolas y peleábamos con esas fieras sin tener la menor chance de salir victoriosos de manera individual, es decir pensando solo en nosotros mismos: bestias que tenían mucho más olfato, garras y colmillos y velocidad desproporcionada, contra seres humanos poca cosa, que nos salía un diente al año de vida y gateábamos a los 9 meses; ¿cómo pudimos superar eso? Es simple y es insoportable para los militantes del odio: compartimos la comida y luchamos juntos. Es por ello que pensar en el otro no es un invento de «los estúpidos utópicos, imbéciles, delirantes» con que suelen calificarnos a los que mínimamente gozamos de un poco de sensibilidad social. ¡No señor! Pensar en el otro fue el origen de nuestra sociedad: si aquella sociedad, en lugar de compartir la comida y de mancomunar la lucha, hubiera levantado el teorema moderno del «sálvese quien pueda», quizá habríamos durado cinco minutos en esta tierra.

Cuando escuchamos la consigna La patria es el otro o, como dijera José Martí, que Patria es humanidad, es a esto a lo que nos estamos refiriendo.

Luchamos por el otro para que la sociedad no sucumba, recordando al poeta cuando en sus versos dice:

(…) mi paz es la de los otros

y no sé si la querrán

esos otros y nosotros

y los otros muchos más

todos somos una patria

patria es humanidad (1) .

1 M. Benedetti. Geografías (cuentos y poemas), 1984.

*Roque Ruiz (60) es abogado, fue profesor Adjunto de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UBA entre 1991y 1996. Profesor Adjunto de Instituciones de Derecho Público de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA entre 1988 y 1997.
Desde 1997 se desempeña como Profesor Regular Adjunto Ordinario de la Facultad de Ciencias Económicas de la materia Instituciones del Derecho Público

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