“El objetivo de mínima del gobierno nacional es terminar el mandato de cuatro años en diciembre de 2019, meta que en las tres décadas de la democracia argentina sólo alcanzaron presidentes de origen peronista. En encuentros de dirigentes y funcionarios dirigidos a homogeneizar posiciones, el tercer hombre de la jefatura de gabinete de ministros, Gustavo Lopetegui, explica que durante un siglo sólo hubo dos formas de acceder al gobierno, por los votos o por las botas, y dos programas contrapuestos. El cambio cultural que el gobierno entiende protagonizar consiste en cumplir mediante el voto el programa histórico de las botas, según las crudas palabras de Lopetegui”.
Así comienza el artículo del periodista Horacio Verbitsky que publica el diario Página12 en su edición de este domingo y que lleva por título “La Confesión”.
Una verdadera confesión de parte que exime a los más criticos del gobierno macrista de presentar pruebas o documentos que avalen lo que se viene manifestando desde el comienzo de la campaña electoral que lo deposito en la Casa Rosada desde el 10 de diciembre.
Cada vez que desde el oficialismo de entonces y la oposición actual se señalaba que el programa económico del macrismo era exactamente igual al desplegado por la última dictadura cívico militar la respuesta era que se trataba de una “campaña del miedo”.
Cada vez que se trazaban documentados paralelismos entre Martínez de Hoz y el equipo económico de Cambiemos, la respuesta esgrimida era que se buscaba desprestigiar a quienes iban a conducir el destino económico del país.
Cuando llegaron al gobierno, las medidas adoptadas, una tras otra, no hicieron más que confirmar los avisos y advertencias de lo que se venía.
Con su afirmación Gustavo Lopetegui no hace otra cosa más que ratificar el carácter elitista y salvaje del programa que viene aplicando el actual gobierno desde su asunción.
Quienes supimos desde el comienzo que ese era el rumbo no podemos asombrarnos. Pero aquellos que aún tienen dudas o creen que las críticas están disparadas por motivos meramente ideológicos, desde hoy tienen ante sí la confesión de parte más incontrastable hecha por un integrante del riñón más intimo del macrismo.
Vulgar, repetido, trillado, ponele el calificativo que prefieras, pero nunca más cierto este viejo dicho: “no hay peor ciego que el que no quiere ver ni sordo que no quiere oir”





































