Las idas y vueltas en la causa que investiga los escritos del ex chofer de Roberto Baratta, Oscar Centeno en una serie de cuadernos va cóbranos ribetes macabros. a medida que avanza la investigación y que se empiezan a conocer detalles de los procedimientos utilizados por la justicia para obtener la información sobre las presuntas coimas, que ahora parece eran aportes de campaña, se tornan en un relato macabro donde nuevas formas de torturas se ponen sobre el tapete.

Según relata al “periodista” Diego Cabot, investigador inicial de esta movida mediática-judicial que devino en una serie de detenciones de carácter arbitrario -al menos así parece- Carlos Stornelli, fiscal cercano a Mauricio Macri amenazó a los empresarios con enviarlos a la cárcel si no repetían el libreto que se les pedía.

“No hay sortijas para todos”, les habría dicho el fiscal a los empresarios imputados. Al menos así habría sucedido con uno de los abogados defensores de Juan Carlos de Goycoechea, ex-CEO de Isolux, que provocó que el letrado bajara del quinto al cuarto piso de Comodoro Py, de la fiscalía al juzgado, y se plantara frente a su defendido: “La cosa viene en serio”.

El abogado fue aún más directo. “El escenario más probable es que quedes detenido”, le dijo al exejecutivo de Isolux. Fueron palabras determinantes para obtener el gran objetivo del juez y el fiscal: lograr que un empresario se quiebre.

De acuerdo al artículo de Cabot, De Goycoechea había llegado la noche anterior por tierra desde Esquel, donde el pedido de detención lo sorprendió esquiando. Esquivó el avión, como para no quedar detenido al tomar el vuelo. Esa noche hubo reuniones en el estudio de abogados Landaburu, Feder, Carrió, Mayer & Rosental. La estrategia a la que se arribó era no arrepentirse.

“Acá no sale nadie”, le dijo Stornelli al abogado de De Goycoechea, Javier Landaburu. Mientras, el empresario estaba en el juzgado de Bonadio a la espera de ser indagado. En pocos minutos, Landaburu le trazó el panorama que venía. “No salís. Las opciones son dos: o te quedás a pelear el proceso detenido o subimos y hablamos con el fiscal. En todo caso, lo escuchamos”, dijo.

“Si te dan a elegir entre quedarte preso o irte a tu casa, ¿vos qué elegirías?”, desafió el abogado.

La posibilidad de arrepentirse empezó a tomar forma. Sin embargo, a poco, empezó la indagatoria. Fue entonces cuando De Goycoechea tomó la decisión de ir por un acuerdo con Stornelli. El fiscal bajó de su despacho y entonces, todos se trasladaron a la fiscalía.

El empresario decidió entonces empezar a confesar sus supuestas pecados, todo bajo la promesa que se iría en libertad, y así sucedió.

La noche del viernes, después de firmar el acuerdo, Bonadio le dijo que estaba en condiciones de irse. Pero De Goycoechea prefirió permanecer hasta el lunes, pedir la excarcelación y evitar la posibilidad de alguna foto.

Esa misma noche, Landaburu empezó a tejer la estrategia para Ángelo Calcaterra , en libertad, y Javier Sánchez Caballero, detenido. Justamente la privación de la libertad del número dos de la empresa era el dato determinante. El ejecutivo no se podía arrepentir sin involucrar al número uno, el primo hermano del presidente.

Lo que siguió después fue el mismo camino, todo para evitar la orden de detención para Calcaterra. El fin de semana se acordaron los términos. El empresario dijo que las coimas no eran tales, sino aportes de campaña y que se pagaron por su orden y que nada tenía que ver Sánchez Caballero. También reconoció varios pagos y todos a Baratta, aunque también involucró en alguno a Nelson Lazarte, el secretario privado del exfuncionario que hoy también está detenido.

Se presentaron en conjunto a primera hora de anteayer. Todos salieron en libertad con el compromiso de no alejarse de su domicilio ni salir del país sin avisar.

El derrotero del fiscal para obtener las delaciones necesarias para probar el cohecho -coimas – es bochornoso, y el solo hecho de salir a la luz debería provocar la nulidad de todo lo actuado. Sin dudas, de corroborarse esta maniobra en sede judicial, el escándalo debiera llevarse puestos tanto al fiscal como la juez, porque es ilegal de toda ilegalidad amenazar a un imputado para que “cante”. Pero, al parecer… esta ese la justicia que tenemos hoy.

2 Comentarios

  1. Pocas pelotas los empresarios o el culo muy sucio. Voy preso pero no hablo ni digo lo que no es y además, cuando salgo los denuncio. Pero claro, hay que tener los pantalones en la cintura para eso y no en los tobillos. Otro párrafo merece el seudo Fiscal que en un país serio, ya no estaría en su cargo al igual que el juez, detener y manadar a prisión a personas por unas fotocopias sin sustento legal.

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