Por Carlos Caramello

Revisemos.

Muchos de los que aseguran (juran/creen/pretenden) estar-con probado compromiso-, de este lado de la grieta, han actuado -consciente o inconscientemente-, a favor del otro lado.

No es una hipótesis. Es una afirmación… de la que me hago cargo con compromiso idéntico al que ellos exhiben.

En aras de la Unidad, en la que creo y por la que trabajo, algunas preguntas… sólo para saber cómo viene la cosa.

¿Ni un mea culpa, muchachi?. ¿Ni un gestito de arrepentimiento?. ¿Ni un pucherito con lagrimita incluida, a modo de tímido descargo?

No no… qué va! No hablo de los del otro lado de la grieta. Pregunto por los de acá. Los de este lado. Los que sostienen que “el límite es Macri” y bregan por incluir al tout peronismo, “sin espejo retrovisor” (un hallazgo de la semántica puntana para decir que no se le va a contar las costillas a nadie). Pero…

¿Ninguno de los que jugó en contra de Aníbal Fernández en la Provincia de Buenos Aires en 2015 va a levantar la mano y a decir “Me equivoqué”? Porque en la Provincia se perdió la Nación…

O la muchachada que apostó a que Scioli ganara por poquito para así poder controlarlo (no se puede ser tannnn pelotudo)… Esos ¿no van a pedir disculpas?

Y el propio candidato, o su Clan, abriéndole las puertas de Marcos Paz a Jorge Lanata para que entrevistara a los hermanitos Lanatta y armara su show¿tampoco va a decir nada?

Y la Izquierda Perfumada, que mandó a votar en blanco porque éramos lo mismo: ¿no va a mostrar ni una pizca de arrepentimiento?

Y los que armaron las listas en 2017 y censuraron a compañeros valiosos, algunos a los que ni siquiera los dejaron entrar al estadio de Arsenal para el acto… Esos, ¿tampoco van a levantar la mano y a reconocer “Fue un Error”?

Y los que votaron todas las leyes que ayudaron a destruir nuestra economía en poco más de dos años (y que siguen votando algunas, como la de Mercado de Capitales), ¿no van a explicar nada y se van a seguir mostrando como los únicos opositores criteriosos?

Pregunto porque algunos de ellos son los mismos que, cuando Lanata clavó su opereta de mierda sobre la persona del entonces candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, fueron los que salieron con un aviso en el que decían, muy sueltos de cuerpo, que Aníbal era “más droga en Buenos Aires” y pedían que, cuando los ciudadanos apagaran la luz y pusieran la cabeza en la almohada… reflexionaran sobre quién iba a cuidar a sus hijos. Y quiero decir que eso hizo más daño que la “Operación LanaTTa”, porque una cosa es que te acuse un esbirro de la oposición y otra que te mande abajo del camión un compañero.

Claro, si uno los ve ahora paseándose por los programas que los convocan, bueno… pocos recuerdan aquella propaganda rastrera. Ni un signo de remordimiento en sus habituales peroratas. Ni un gesto de responsabilidad.

Y hablando de programas: los que siguen invitando a al piso a dirigentes que sacaron el 5% de los votos en la misma proporción que al los dirigentes del espacio que sacó el 37%… ¿Van a seguir justificando que lo hacen porque quieren programas plurales?

Y los que habitan el pecado original de la Soberbia; los que se hacen los distraídos ante la prisión política de sus compañeros; los que armaron un sistema de comunicación que, ni bien dejaron el poder, los dejó sin medios; los que dicen pertenecer al peronismo, pero sólo si conducen ellos mismos; los que sacaron los pies del plato y vuelven a los pisotones; los que se dedicaron a llenar colectivos de militantes pero no llenaron a los militantes de sólidas verdades; los que… los que… los que… ¿No van a arrepentirse?

Públicamente, digo. Porque no es con otros dirigentes. Es con el Pueblo que sufre. Con los que no pueden afrontar los tarifazos. Los que se quedaron sin trabajo. Los que se quedaron sin medicamentos. Los que se quedaron sin educación. Los que se quedaron sin esperanzas…

Con todos esos y muchos más: ¿NADA? Porque, como dice Artemio López en un artículo publicado esta semana, “los votos que necesita la oposición (…) están entre quienes en 2015 y 2017 optaron por Cambiemos en mucha mayor proporción que entre aquellos electores que acompañaron entonces opciones pan peronistas no kirchnerista”. Y agrego que muchos de esos votantes necesitan depositar su propio fracaso en una dirigencia que no supo convencerlos. Esto es: esperan y desean un mea culpa para poder confiar.

Ya pasaron los días en los que los políticos no pedían perdón. Ahora, hasta podría decir que está bien visto. Es un signo de “humanidad” en este mundo 2.0 en donde todo va y viene, hasta las disculpas. Esa sociedad que espera explicaciones también piensa disculparse en el cuarto oscuro. Por ahora, como muestran las encuestas, esos votos no son de nadie. No los perdamos.

En nombre de otra manera de UNIDAD… por dió te pido.

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