La jefatura del gobierno de la Ciudad lanza iniciativas sobre las que no se mide ni la oportunidad, la razonabilidad o el criterio ni tampoco se controlan para evitar que se traspasen límites impuestos por el sentido común.
Horacio Rodríguez Larreta convocó a los empleados del gobierno de la ciudad a que formen brigadas para “limpiar las paredes y frentes vandalizados” en la ciudad. Dicho en criollo, para salir a tapar y limpiar grafittis.
Al “equipo”(palabra incorporada al léxico habitual del PRO) que mas paredes y frentes limpie se le darán como premio vauchers para consumir cerveza gratis en la cervecería “On Tap” y merchandising del gobierno porteño. (Si, aunque no lo creas, el gobierno de la ciudad tiene “merchandising propio…)
Sin embargo, las “brigadas larretistas” se pasaron de rosca y fueron más allá del objetivo trazado, que de por sí es cuestionable y criticable ya que el grafitti es considerado una manifestación de arte popular defendida y altamente conceptuada internacionalmente.
Aparecieron tapados por completo murales dedicados a la memoria de pibes víctimas de violencia institucional. Uno de ellos es Nehuén Rodriguez, asesinado por la Policía Metropolitana en el 2014.
Este verdadero acto vandálico apañado y cubierto por el gobierno porteño de Cambiemos ocurrió con dos murales, uno ubicado en el barrio de La Boca, en Irala y Aristóbulo del Valle; y el otro en el barrio de San Telmo, en Bolivar y Cochabamaba.
Pese a las denuncias formuladas por los familiares de las víctimas del salvajismo de la Metropolitana, Rodríguez Larreta optó por el silencio y hasta el momento no hubo ningun pedido de disculpas ni se tomó acción alguna para reparar semejangte atropello.



































