En lo que las autoridades alemanas presumen que se habría tratado de un nuevo ataque terrorista, tres personas abrieron fuego de modo indiscriminado en un local de McDonald de la ciudad de Baviera, en el sur de Alemania, dejando un saldo de al menos 9 muertos y numerosos heridos, de acuerdo con los primeros reportes oficiales. Los autores del atentado se dieron a la fuga a través una boca de metro.
Un impresionante despliegue policial comenzó en la capital bávara para tratar de encontrar a los responsables de la matanza. Varias horas después del tiroteo, la policía aún no había efectuado ninguna detención.
En una muestra de la desesperación ante las dificultades para dar con los terroristas, la policía de Múnich pidió también a los automovilistas que abandonara las autopistas del norte de la ciudad.
La situación es de alarma extrema. La policía habla de “alta alerta terrorista”. El hecho de que no se sepa ni el número de víctimas final ni, sobre todo, dónde están los responsables tenía a toda la ciudad, y a toda Alemania, en vilo.
La policía quiso ser cautelosa ante la confusión en torno del tiroteo, pero al final de la tarde un portavoz admitía que todas las sospechas apuntaban a un acto terrorista.
Pese a que las autoridades no han dado una cifra oficial de muertos, fuentes policiales hablaban al principio de “al menos seis”, aunque al poco tiempo confirmaron que los fallecidos ascendían a nueve.
La capital bávara vive este atentado cinco días después de la agresión protagonizada por un joven refugiado en un tren, que dejó dos heridos que se debaten entre la vida y la muerte.
El Gobierno bávaro, encabezado por Horst Seehofer, convocó un gabinete de crisis. Varios helicópteros sobrevolaron de inmediato la zona, que fue acordonada por la policía. Desde el atentado islamista del pasado lunes en un tren en Wurzburgo, las fuerzas de seguridad alemanas han estado en alerta.
Mientras en Múnich el Gobierno bávaro convocaba una reunión de crisis, el Gobierno federal de Angela Merkel no se pronunció. El ministro del Interior, Thomas de Maizière, se encontraba durante los sucesos volando hacia Estados Unidos, donde pensaba comenzar sus vacaciones de verano.





































