El Partido Republicano quema los últimos cartuchos para evitar que Donald Trump consiga ser el candidato a las elecciones presidenciales de noviembre luego de la resonante victoria que logró en las primarias del denominado “supermartes”
Trump, un magnate con un mensaje ajeno a la tradición conservadora de EE UU, está más cerca de la nominación republicana pero carece de los delegados suficientes. La resistencia, en el aparato del partido y en las bases, es fuerte y sus oponentes quieren llevar la batalla hasta la convención que en julio coronará al candidato.
Cuando en junio trump anunció su candidatura para la nominación republicana, nadie se lo tomó en serio, empezando por el Partido Republicano. Ahora sus líderes descubren horrorizados que Trump —un hombre malhablado, xenófobo, que mezcla la retórica de extrema derecha sobre los inmigrantes sin papeles y posiciones económicas próximas a la izquierda sindical, se encuentra a las puertas de la nominación.
La sucesión de victorias desde que hace un mes arrancó el proceso de primarias disparó la alarma. En la última semana, sus rivales pasaron a la ofensiva y por primera vez cuestionaron su integridad personal y sus éxitos empresariales al tiempo que repudiaron su ambigüedad ante grupos racistas como el Ku Klux Klan.
Pocos creen ya que sea posible derrotar a Trump durante el proceso de primarias, pero sí evitar que llegue a la convención con una mayoría de delegados. Es decir, podría ocurrir que hubiese ganado la mayoría de Estados y que ningún candidato tuviera más delegados que él, pero que la cifra fuese inferior a la mitad más uno. En la convención, un frente anti-Trump lo derrotaría.





































