Concepción “Conchita” Martín Picciotto debe su apellido italiano a su exmarido, quien estuvo detrás del drama familiar que originó la protesta pacifista que Picciotto inició el 1 de agosto de 1981. Este lunes Conchita, también conocida como Connie, falleció en el refugio para mujeres sin techo N Street Village.
Con ella se ha ido también la vigilia política más larga de Estados Unidos: la española permaneció 35 años dentro de su tienda de campaña, rodeada de pancartas, frente a la Casa Blanca.
Conchita, que protestaba contra la proliferación de armas nucleares, se había convertido en un elemento turístico más del hogar presidencial. La mujer, de unos 80 años, aunque nunca se supo su edad exacta, ocupaba sin descanso la acera del número 1.600 de la avenida Pensilvania —domicilio del actual hogar de los Obama— y solo desplazaba unos metros el campamento cada cuatro años por las investiduras presidenciales.
Tras el divorcio, un tribunal de Manhattan concedió la custodia de su hija a su marido, de origen italiano, motivo que llevó a Conchita hasta las puertas de la Casa Blanca. “Yo quería irme a España y criar allí a mi hijita, pero mi marido y su familia se opusieron y montaron toda una campana de acoso hasta que acabaron quitándome la potestad de la niña.
Dijeron que no era una madre adecuada”, declaró a el diaroo espñol EL PAÍS en una entrevista en 1991, cuando llevaba 10 años de vigilia. Su iniciativa no obtuvo el resultado esperado, aunque Picciotto decidió unirse a Thomas Doubting, un compañero de pancarta que protestaba contra la armamentística nuclear. Causa que defendió hasta el fin de sus días.
En 2014 un hombre saltó la verja de la Casa Blanca y se coló en el interior, entrando por la puerta principal. El Departamento de Seguridad barajó la posibilidad, entre otras, de retirar la carpa blanca de la viguesa, aunque finalmente resistió.
Conchita vivía de las limosnas que intercambiaba por piedras de la paz pintadas por ella misma y de donaciones que le hacían particulares. El casco que solía llevar le servía, según explicaba, para protegerse de los rayos que le lanzaban desde la Casa Blanca. Como aseguró al diario El País, “es un sacrificio enorme, pero seguiré hasta que Dios quiera”.


































