La exigua victoria del Partido Popular en las elecciones generales del domingo último dejó al oficialismo en una situación de extrema debilidad y frente a un horizonte plagado de dificultades para la formación del próximo gobierno.
De acuerdo con la ley electoral, Rajoy tiene un plazo de dos meses para entablar las negociaciones y, si para entonces no hay acuerdo, deberá volver a llamar a elecciones. El panorama actual parece abonar con fuerza esta última alternativa.
La dirigencia del PSOE, la segunda fuerza detrás del PP ya anticipó que no facilitará la investidura de Rajoy como presidente del gobierno español, mientras que Pablo Iglesias de PODEMOS (tercera fuerza tras el comicio) advirtió que no colaborará con el socialismo “que pretende entregarle el gobierno a la derecha”.
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dijo a su turno que él está dispuesto a abstenerse y permitir un gobierno del PP en minoría para que no sea necesario repetir las elecciones, pero como su abstención no bastaría para investir a Mariano Rajoy ha pedido al PSOE de Pedro Sánchez que haga lo mismo
Así las cosas, Rajoy no las tiene todas consigo por estas horas. La dirigencia del partido debate si opta por impulsar un gobierno en minoría o promover una reforma de la constitución para intentar de ese modo allanar el camino que permita formar un nuevo gobierno.


































