Laurita Alonso, titular de la Oficina Anticorrupción protagoniza una de las paradojas más increíbles y que difícilmente se repita en otro país del mundo: la que debía velar por la transparencia de los actos de gobierno y evitar la corrupción…está acusada de corrupción.
La funcionaria, que hace menos de un mes afirmó públicamente que estaba «desesperada por ir a declarar» (sic), este miércoles estuvo apenas 30 minutos en el tribunal que la investiga por encubrimiento del ex ministro de Energía José Aranguren en las maniobras realizadas para la compra de gas a Chile a la petrolera Shell, de la cual todavía era accionista.
Alonso, famosa por su facilidad de palabra dentro y fuera de Twitter parece haber perdido el habla ya que ante el juez que la investiga presentó un escrito…y se fue.
Al salir no habló salvo para decir escuetamente que «no comprendo porqué me citan». Quizas con el correr de los días su capacidad de compresión se agrande un poquito más.
Es que la funcionaria a la que Macri le obsequió la titularidad de la OA sin ser abogada, la esperan otras causas más en las que deberá dar explicaciones.
La Audtoría General de la Nación ya emitió un fallo condenatorio en su contra por negarse reiteradamente a brindar la información requerida por parte del organismo de control.
Además está imputada por encubrimiento en el famoso CorreoGate, causa que ya tiene varios procesados, entre ellos el propio presidente Mauricio Macri y el ministro Aguad.
También está involucrada en una denuncia por incumplimiento de los deberes de funcionaria pública por negarse a investigar las denuncias contra funcionarios públicos macristas por presuntos hechos de corrupción.
Y una más: es una causa abierta en la que es investigada por malversación de fondos públicos durante su gestión. De modo que en algún momento abrirá sus entendederas y la boca también, para responder las preguntas que le hagan los jueces que la investigan.
































