Con las órdenes del FMI en la mano, el presidente va por más ajuste. No solo para recibir fondos. El presidente Mauricio Macri está convencido de que la Argentina debe perder la costumbre de vivir como si estuviera en superávit cada vez que entra en déficit. “Si tengo que pagar el costo político que sea necesario para lograrlo, lo haré. Incluso, si eso me compromete electoralmente en el 2019”, repite en la intimidad. Y añade, palabras más, palabras menos: “Ahora tengo el apoyo de las principales potencias del mundo para intentar imponer ese cambio cultural”. Así comienza la nota de Clarín firmada por Nicolás Wiñazki de este domingo.

Según el periodista de la corpo, existe un proyecto para achicar el supuesto histórico agujero negro de gastos del PAMI. Para suavizar lo que inexorablemente se viene, el empleado de TN afirma que “El tema está en discusión. Interlocutores del Gobierno: los gremios más importantes de la CGT”.

Pero el núcleo central es la exigencia del FMI: achicar el déficit fiscal y el presidente buscará hacerlo, añade Wiñazki. Ni humillado, ni ofendido.

Y para darle más verosimilitud, sostiene que “Así se lo ratificaron a Clarín tres ministros nacionales y varios asesores sin cargo pero con gran influencia sobre Macri”.

Para Wiñazki, los meses que vienen, saben en el Gobierno, serán turbulentos desde el punto de vista social. El principal cuidado que tendrá. El ajuste se hará, con aceleramiento, pero al mismo tiempo con estilo casi bonsai de toques minimalistas. Todo un desafío. Pero además, el Presidente ya adelantó algo de esto en la conferencia de prensa que dio el miércoles pasado. “Hay que acelerar” y “profundizar” el achique del déficit fiscal. “No vine acá a hacer lo políticamente correcto”.

Siempre según publica Clarín, a mediados del año pasado, el médico Sebastián Neuspiller, Coordinador Operativo de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), le entregó al Presidente un plan para mejorar la atención de los afiliados al PAMI. Con un criterio orientado en la salud pública, el plan de Neuspiller hace foco en las dificultades que trae a los jubilados dejar atrás la obra social de sus sindicatos al ingresar al PAMI. Historias clínicas, la atención personalizada de sus médicos, suelen extraviarse en una burocracia que colapsó.

Aunque falte decidir su implementación, la idea es que los grandes sindicatos de la CGT se queden con los aportes de los afiliados que se jubilan y que hoy transfieren al Gobierno para que vayan al PAMI. El objetivo es que sean las obras sociales gremiales las que se hagan cargo de la salud esos jubilados. Y aquí Wiñazki mete la cuchara llena de azúcar: El proyecto avanzará siempre que cuente con el consenso de los sindicatos de la CGT. En principio, los grandes gremios no rechazan esta novedad. En cambio, sí lo hacen los sindicatos más chicos: les faltarían fondos para responder a la nueva demanda.

Con ese panorama, se cierne otra embestida bestial para los jubilados, que verán desfinanciado el PAMI hasta un punto de extenuación.

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