Día de la Independencia (1996) fue un hito en la carrera del director Roland Emmerich, porque, por un lado, marcó su consagración definitiva en el mainstream y aseguró su lugar en la tierra de los blockbusters. Pero, por el otro, fue el momento en que se recibió del moderno catastrofista.

Fue a partir de ahí en que se convirtió en destructor de mundos y se dedicó una y otra vez a arrasar el planeta, o parte de él, en Godzilla (1998), El día después de mañana (2004) o 2012 (2009), ya sea por naves extraterrestres, dinosaurios mutantes, cambio climático o profecías mayas. Aquella película fue un rotundo éxito de taquilla que hacía previsible la secuela. Lo que sorprende es que esta llegue veinte años después. Y el peligro, cuando uno vuelve tarde, es que el lugar ya esté ocupado.

La apuesta para volver es jugar a más, que aquí significa que todo sea más grande. Naves más grandes, aliens más grandes (una reina de dimensiones colosales), más grandes los ejércitos invasores, más grande el elenco (que incluye viejos personajes y otros nuevos haciendo de hijos de los viejos) y más grande la destrucción. La excusa para el regreso se da cuando, en pleno 4 de Julio, en medio de los festejos por los veinte años desde el triunfo norteamericano (y también terrestre, que desde el film anterior aprendimos que es lo mismo) y los extraterrestres, con un notable sentido de la efeméride, llegan respondiendo, algo tardíamente, a un pedido de auxilio de aquella primera incursión invasora.

diadelaindependenciaEsta segunda parte tiene, de manera recargada, prácticamente todo lo que hizo a la primera en parte una diversión descerebrada pero feliz y en parte una experiencia embarazosa. En cuanto a esto último, tenemos nuevamente una trama simple con diálogos sobre-explicativos, personajes estereotipados, sentimentalismo saturado y discursos de una pomposidad ridícula.

Aquello en lo que la película original ganaba y marcaba la diferencia era en la espectacularidad visual. Más allá de cualquier crítica, las imágenes de las naves invasoras destruyendo la Casa Blanca y otros edificios y lugares icónicos quedaron grabados en la memoria popular. Esa apuesta hoy es la misma y Emmerich viene a cumplir con eficiencia su rol de destruir el mundo una vez más. El problema es que veinte años después es difícil reproducir aquel impacto. Teniendo en cuenta además que aquella tecnología audiovisual, que entonces era novedosa, ya se usó y se vio hasta el acostumbramiento. Las imágenes que esta nueva versión viene a ofrecer, no son muy diferentes a las de otros Apocalipsis cinematográficos que hayamos presenciado en los últimos años.

Escritores, realizador y productores de esta secuela un poco más excesiva se juegan a que más es más. También es sabido que, en algunas ocasiones, más es menos. Pero en otras, como en esta, más es lo mismo.

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Independence Day: Resurgence. Estados Unidos. 2016
Dirección: Roland Emmerich. Intérpretes: Chris Hemsworth Jeff Goldblum, Jessie T. Usher, Bill Pullman, Maika Monroe, Sela Ward, William Fitchner, Judd Hirsch, Brent Spiner, Viveca A. Fox, Angelababy, Charlotte Gainsbourg, Deobia Oparei, Nicolas Wright y Travis Tope. Guión: Nicolas Wright, James A. Woods, Dean Devlin, Roland Emmerich y James Vanderbilt. Fotografía: Markus Förderer. Música: Harlad Kloser y Thomas Wanker. Edición: Adam Wolfe. Duración: 110 minutos.

FuenteSUBJETIVA
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