Con una diferencia de tres años, el columnista y operador político de La Nacón, Carlos Pagni, publicó dos artículos exactamente opuestos entre sí sobre un mismo tema: el blanqueo de capitales.
Lo que para Pagni era incongruente en mayo de 2013, constituye un salto hacia la transparencia en mayo de este año. Los artículos estan disponibles para quien quiera verlos en internet. Y si no alcanzara, más abajo te dejamos los links para que los mires y leas vos mismo.

Puede parecer una incoherencia de Pagni sostener dos posturas absolutamente diferentes sobre una misma cuestión. Pero aunque suene absurdo, esa incoherencia tiene una lógica irreductible que se asienta sobre dos pilares.
El primero tiene que ver con el encono ideológico de Pagni y, por ende, del diario La Nación hacia todo lo que provenga del peronismo en cualquiera de sus vertientes. El kirchnerismo acaso haya sido la exégesis del destinatario de su odio de clase contra todo lo que huela a popular, que el diario mitrista confunde deliberadametne con populismo, aunque al fin y al cabo haya un fino puente de vinculación entre ambos conceptos.
Aquel blanqueo que trajo como consecuencia la aparición de los famosos Cedines, ese documento que se entregaba a quienes reingresaban el dinero fugado hacia el exterior, tenía algunos puntos similares con el que se apresta a anunciar el gobierno de Mauricio Macri.
Había, por supuesto, beneficios para quienes trajeran sus dineros y penalizaciones para quienes lo hicieran pero por fuera de los términos fijados en el decreto que impulsaba la norma.
Decía Pagni el 3 de mayo de 2013 en La Nación sobre aquel blanqueo kirchnerista:
“Gracias al blanqueo, al que trae dólares negros se lo premia con una tasa del 4%. Pero al que trae dólares blancos se lo penaliza con un encaje del 15%. Esa barrera se creó cuando había exceso de divisas. Y sigue allí”.
La cantinela del paradigma de los premios y castigos, que cuando están repartidos al revés de lo que los representantes del poder, como Pagni, consideran como correcto, ponen el grito en el cielo.
Suena raro, como mínimo, que hoy Pagni, tres años después de aquella diatriba, no haga el más mínimo comentario crítico a un blanqueo de capitales que, en esencia, recoje los mismos parámetros del anterior. Y sino, veamos qué dice Pagni en su artículo del jueves 26 de mayo en La Nación:
“Quienes regularicen sus ahorros deberán pagar esta vez una penalización. La operación estará abierta hasta el 31 de marzo de 2017. Quien se regularice hasta el 31 de diciembre próximo abonará una tasa del 10 por ciento. Si lo hace después de esa fecha, será del 15 por ciento. Habrá un estímulo para quienes sean pequeños y medianos ahorristas. Los que blanqueen hasta 20.000 dólares no tendrán penalización alguna. Quienes lo hagan hasta 80.000 tendrán una del 5%. A partir de ese monto será del 10%. Son castigos más severos que los que estableció el año pasado el gobierno socialista de Chile para una propuesta similar: tasa única del 8 por ciento”
El otro sustento de la coherente incoherencia de Pagni radica en la cobertura mediática de la que goza el presidente Mauricio Macri. Seguramente no será Pagni quien le reclame al presidente que traiga a la Argentina los casi 19 millones de pesos que reconoce tener depositados en una cuenta off shore en las Bahamas, en las mismas condiciones que otros evasores como el, evasores a los que les reclama “un acto de patriotismo” para sacar el país adelante.
El despropósito del diario La Nación, motorizado a través de lacayos como Pagni, ni siquiera repara en el decoro mínimo necesario para evitar caer en semejantes contradicciones.
No importa la cara que tuve antes, si la que me pongo hoy sirve para defender lo indefendible, pensarán los directivos del centenario diario mitrista. Y ese es, además, el anclaje de la protección a mansalva que le brindan al presidente procesado.
Estos son los links a las notas a las que hacemos referencia:
http://www.lanacion.com.ar/1581416-el-blanqueo-otra-senal-de-incongruencia
http://www.lanacion.com.ar/1902447-el-blanqueo-un-salto-hacia-la-transparencia
Como dijo alguna vez el gran Joan Manuel Serrat: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”





































