A partir de diciembre de 2015 cuando asume la presidencia Mauricio Macri comenzó a aplicar las recetas neoliberales que históricamente han tomado al salario de los trabajadores como la única variable de ajuste de la economía de un país.
Desde entonces, y de manera inexorable, el salario de los trabajadores empezó a experimentar una erosión en su poder adquisitivo acorde con esta línea de pensamiento: el salario es un gasto que debe ser recortado de manera permanente. La lógica empresaria que dice que hay que ganar más a costa de la plusvalía del trabajador.
Un trabajo de investigación de Hernan Letcher, economista y concejal del FPV, demuestra que, sobre la base de los datos del Ministerio de Trabajo, el salario del 98% de los trabajadores argentinos perdió poder adquisitivo por la inflación en el primer año de Macri mientras que apenas un 2% de los trabajadores percibió ingresos iguales o superiores a los que obtuvo durante 2015.
El informe -originalmente publicado por el portal nuestrasvoces.com.ar- revela, en números absolutos, la existencia de 6.359.486 trabajadores que han perdido poder adquisitivo durante 2016, es decir que sus ingresos crecieron por debajo de la inflación, mientras que sólo 107.712 trabajadores registrados han percibido ingresos igual o superiores a los que tuvieron el año previo.
En el promedio general de la economía, el deterioro del poder de compra de los salarios rondó el 6% durante 2016, ya que los trabajadores obtuvieron un incremento salarial promedio del 33%, por debajo de la inflación anual que recorrió el 41,5%.
A contramano de la economía real, el Gobierno proyecto para este año un 17% de inflación y procuró ubicar la negociación salarial en este sentido (incluyendo las “cláusulas gatillo”). La pérdida de poder de compra durante 2016, nunca fue contemplada.
Así, el salario real, aparece como variable de ajuste de un modelo económico que pretende ganar productividad sobre la base de salarios bajos. Obtener remuneraciones salariales por debajo de la inflación forma parte de los mecanismos de ese proceso. Pero hay un segundo elemento que coadyuva al salario como variable de ajuste: la generación (o no) de empleo genuino.
En base a los datos del INDEC, es posible dar cuenta de 68.314 trabajadores menos entre el cuarto trimestre de 2015 y el cuarto trimestre de 2016. Si se toman los datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT) se corrobora que la expulsión de trabajadores es protagonizada principalmente por grandes empresas.
Las empresas del segmento más pequeño, con menos de 100 trabajadores, han despedido a un pequeño número de su plantilla durante el año 2016. Como ostensible contracara, las empresas que detentan más de 2.500 trabajadores han reducido sus planteles laborales desde diciembre de manera ininterrumpida, entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016.
En síntesis, se identifican dos estrategias complementarias de cómo llevar a cabo el modelo económico: la caída en el masa salarial final; por un lado, a través de la caída del salario real y por el otro mediante una caída del empleo registrado.




































