Opinión por Gabriel Eiriz
El obsceno blindaje que concedió el Fondo Monetario Internacional a la Argentina tiene dos ejes centrales: evitar a como de lugar el regreso de un gobierno nacional y popular a la región (que ya se veía como una posibilidad cierta) y limpiar la cara del organismo luego de los últimos desaguisados que hizo recientemente en Grecia y Jordania.
No existe una voluntad genuina de las principales potencias en asistir a la Argentina, en cambio, buscan apuntalar la políticas de ajuste impulsadas por Mauricio Macri -el hombre mejor visto por los mercados financieros- y la apertura del país al mundo en los términos que propone el PRO, salarios bajos, importación de productos con valor agregado fuera del país y olas de exportaciones de granos y materias primas.
Lo que impulsan los países miembro del organismo multilateral es que se consolide en América Latina un modelo de primarización de la economía y una sede barata (sueldos bajos) para las empresas multinacionales.
«La dirigencia norteamericana y los expertos en América latina tienden en general a ver al populismo como un mal endémico de la región que es necesario extirpar», sostiene un articulo de Infobae. La frase es tan cierta como que el sol sale cada día.
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«Estados Unidos y los otros países del G-7 quieren que al Gobierno le vaya bien y están mirando de cerca lo que pasa porque les inquieta la posibilidad de que, si no le va bien, eso afecte la agenda de reformas en toda la región», evaluó Michael Matera, director del programa para América latina en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés, uno de los think tanks más influyentes de Washington), en diálogo con ese medio.
Las potencias quieren que la gestión de Mauricio Macri sea un caso de éxito exportable, contracara a la agenda populista dominante en la década pasada. «Podría ser un modelo del pragmatismo necesario», analizó Matera.
«El mayor temor en el exterior es el populismo irresponsable», coincidió Benjamin Gedan, director del Argentina Project del Woodrow Wilson International Center, de Washington. «Creo que es por eso que hubo apoyo a un paquete tan importante» en el FMI, completó.
Según Gedan, la percepción en la capital norteamericana es que «la oposición a Macri no siempre es responsable y hay sectores que querrían volver a la senda del populismo». Siguiendo esa lógica, dijo, «el acuerdo alcanzado con el FMI muestra los beneficios de la reinserción al mundo, con un fuerte apoyo de Estados Unidos y de la comunidad internacional».
No escapa a su análisis el hecho de que muchos en el país difícilmente vean un acuerdo con el Fondo como un beneficio. «El FMI no es muy popular en la Argentina y eso quizá no va a cambiar, pero no creo que el acuerdo alcanzado sea inaceptable para los argentinos y tampoco creo que Macri pague un costo muy alto en términos políticos», señaló Gedan.
Por su parte, Claudio Loser exdirector del organismo para el hemisferio occidental, ponderó positivamente el acuerdo, pero advirtió que «va a haber una desaceleración en la economía y la clase media lo va a sentir». «el gobierno se creyó más vivo que el mercado», remarcó.
Sobre el inicio del tercer año de gestión, Cambiemos se desmorona como yunke hundiéndose en el océano y el peronismo tiene un olfato privilegiado para detectar el momento en que debe reordenar sus filas y salir a la cancha. Las potencias lo saben y salieron a apuntalar la administración macrista para frenar al «populismo irresponsable»
Matera cree que acudir al FMI era lo que Macri debía hacer para evitar una crisis mayor. «Ahora el Gobierno está bien posicionado, con respaldo del Fondo y del G-7», sostuvo.
El analista del CSIS no ve sin embargo un camino fácil por delante, porque el Gobierno todavía tiene que «resolver situaciones difíciles que heredó del kirchnerismo», en alusión al desequilibrio de las cuentas públicas y la inflación, y tampoco contara con la cooperación decidida de una oposición que, dijo, «ya se está posicionando para las elecciones» del año que viene.
No obstante, el gobierno tiene un año difícil por delante y el desafío será administrar los recursos de manera responsable, algo que en lo que va de la gestión de Mauricio Macri y compañía no ha sabido o no ha querido hacer. El pueblo mira preocupado el ajuste que deberá llevar adelante el «mejor equipo en 50 años» y, si no hay respuestas para los trabajadores, ni con todo el apoyo de las potencias mundiales, podrá sortear el desafío 2019, que tiene en vilo a todo el establishment.
Por último, los pasillos de la rosada ya hablan de una fórmula Macri–Vidal, para sumarle fuerza a la propuesta de la derecha gobernante.