El tribunal, por mayoría, aplicó el criterio en un caso en el que fueron condenados represores por la desaparición de trabajadores del Hospital Posadas.

A favor de la aplicación del «dos por uno» votaron los jueces Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, en tanto que Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda lo hicieron en disidencia.

De acuerdo con la información brindada por el Centro de Información Judicial,  el fallo declaró aplicable la ley 24.390 (conocida como 2×1), que estuvo vigente entre los años 1994 y 2001, hoy derogada, que reduce el cómputo de la prisión, porque se trata de la ley más benigna.

De manera paralela, la Conferencia Episcopal encabezada por su titular monseñor José María Arancedo comenzó una serie de jornadas de deliberaciones en las que el tema central será la reclamada reconciliación entre los represores de la última dictadura cívico militar y las víctimas del terrorismo de estado.

El clima de época que se vive actualmente parece haberle abierto las puertas a los sectores que, con el pretexto del perdón y del reencuentro, abogan claramente por el cierre definitivo de los juicios contra los represores civiles y militares por la comisión de delitos de lesa humanidad entre 1976 y 1983 y que, vale la pena recordarlo, son imprescriptibles.

La movida de la iglesia ya provocó el rechazo unánime de los organismos de derechos humanos, entre ellos Abuelas de Plaza de Mayo, cuya titular Estela de Carlotto sostuvo que no puede haber reconciliación entre ella y los asesinos de su hija y los raptores de su nieto.

En este marco, el fallo de la Corte podría ser interpretado como un guiño hacia esos sectores que buscan terminar con la política de verdad, juicio y castigo, que arrancó en el año 2003 con la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y la repaertura de los juicios contra los responsables de aquellas atrocidades.

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4 Comentarios

  1. «Ni vilvin mis, ni vilvin mis», la repetición mansa y obediente del mensajito aprendido. A nuestros compatriotas más frágiles les trepanaron el raciocinio, qué triste.

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