En un artículo publicado en el diario Clarín, el matutino revela que «el presidente de la República, Mauricio Macri, se ocupó en forma personal de seguir las decisiones de los jefes sindicales del peronismo sobre la movilización y el llamado a una huelga nacional, un suceso que finalmente no tiene fecha prevista».

Esta información deja en evidencia la falta de poder de fuego que tiene el triunvirato, pese a la masiva convocatoria que logró el martes 7. Se calcula que hubo entre 400 y 500 mil manifestantes.

Según se consigna el medio oficialista, el viernes 3, Macri se enteró por uno de los ministros que en una reunión de los gremialistas más influyentes de la CGT se habían discutido dos posiciones diferentes pero no del todo disímiles respecto a la medida de fuerza que anunciaría la central obrera.

La información que le llegó al Presidente es que tres líderes cegetistas -como mínimo- habían planteado en ese encuentro entre pares que tenían que extremarse las medidas de fuerza al máximo posible: no solo debían convocar a la manifestación del martes, si no que también exigían que ese mismo día se anunciese la fecha de un paro, que incluiría el apoyo de las ahora unidas CTA, de los gremios del transporte, de buena parte de los sindicatos de los docentes, de los representantes de las Pyme y de los gremios que núclean a los médicos, entre otros.

Alguien de su propio equipo de Gobierno había convencido a Macri de que los tres sindicalistas más “radicalizados” en esa reunión de que lo inquietó habían sido el gastronómico Luis Barrionuevo; uno de los jefes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el ex intendente de Quilmes Francisco “El Barba” Gutiérrez; a los que se habría sumado uno de los miembros del triunvirato que lidera la CGT, Carlos Acuña, secretario general de los empleados de estaciones de servicio.

Macri utilizó varios métodos de persuasión para evitar que ocurran las dos cosas. Hacía varios días le había liberado fondos multimillonarios a las obras sociales sindicales a los que el Estado les debía presupuesto destinado para atender a sus pacientes No quería ni movilización el martes, y menos que se informe frente a una multitud cuándo sería el primer gran paro que enfrentaría su gestión.

Según revela el diario «el mismo Presidente habló por teléfono para quejarse e intentar persuadir a los cegetistas de que no tomen esas dos acciones de reclamo en un mismo día». Algo que a pesar del clamor de los trabajadores que gritaban a viva voz «pone la fecha la puta que te parió», no sucedió y terminó con los dirigentes gremiales escapando de los abucheos e insultos.

Macri discutió fuerte con su interlocutor, que le reclamó que el Gobierno cumpla con alguna de sus promesas antes anunciadas en favor de “los trabajadores”: al contrario de lo que se habían comprometido a hacer, varias de las principales empresas de sus representados nunca pagaron el “bono” de fin de año a sus empleados que la Casa Rosada había dicho que alcanzaría los dos mil pesos.

Macri ejerció, como pudo, cierta presión entre los jefes de la CGT con ese llamado a uno de sus jefes históricos más poderosos.

El lunes fueron otros funcionarios los que intentaron “operar” políticamente con el triunvirato cegesita, y también con otros gremialistas con los que mantienen amistades de años. Mario Quintana, vicejefe de Gabinete, habló con la cúpula de la CGT y con el siempre oficialista jefe de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), Andrés “El Centauro” Rodríguez, aprendiz de los placeres que dan las buenas obras de arte.

Esas gestiones no lograron frenar la marcha ni la pelea que se desató frente al escenario en el que, por primera vez en años, se mostraron unidos los secretarios generales de la CGT.

El presidente no evitó que la movilización del martes inundara de manifestantes al centro porteño. Pero la fecha de la huelga que tanto lo aquejaba no se formalizó.

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