La tregua que rige desde el sábado en Siria no debe dar motivos para el festejo de EE.UU., Rusia y Francia ni razones para creer que Estado Islámico está a punto de ser derrotado. El grupo terrorista logró sentar sus reales con solidez en Libia y desde allí se propone reconstruir las pérdidas que efectivamente sufrió en Irak y Siria pero que no lograron detener su avance.
La ciudad Libia de Syrte fue la elegida por EI para hacerse fuerte en ese país africano que deambula a la deriva desde el derrocamiento en 2011 de Muhamad Kadhaffi y la interminable guerra civil entre diferentes facciones rebeldes que derivaron en una atomización del territorio libio que facilita las aventuras de los grupos extremistas islámicos como EI.
Informes militares sostienen que eI grupo tiene allí una fuerza de 6.500 hombres, suficientes para poner bajo amenaza a naciones cercanas como Chad, Sudán, Egipto, Argelia y Túnez.
Pero a las fuerzas militares occidentales no les causa preocupación esa real amenaza contra países vecinos sino la posibilidad concreta de penetrar con aparente facilidad el sur de Europa , empezando por Italia, el más cercano en términos geográficos.
Por esa razón, Francia viene desplegando de manera poco visible al menos para los medios y la opinión pública intervenciones relámpago en toda la zona de influencia cercana a Syrte aprovechando las tropas que tiene desplegadas en Libia en el marco de la fuerza multinacional que actúa en ese país africano tras la caída de Kadhaffi.
La tregua que avanza desde el sábado en Siria servirá de muy poco a futuro inmediato si EI sigue teniendo el poder económico para desplazarse y reclutar adeptos en otros territorios que no sean los del Oriente Cercano.
África es el próximo paso y para muchos observadores militares es, sobre todo, el trampolín desde donde lanzarse al continente europeo.




































