Por Leonardo Eiriz

Que la mayoría de los dirigentes argentinos no resiste un archivo es una verdad conocida desde siempre. Múltiples programas de televisión (desde el fundacional “Perdona Nuestros Pecados”, hasta “Sobredosis de TV”, pasando por el histórico “Televisión Registrada” y otros) se han nutrido de este recurso para poner en evidencia la hipocresía de quienes manejan los hilos de la Argentina. Las productoras que realizaban estos programas solían tener un modo de trabajar bastante estandarizado, que constaba de muchos asistentes mirando, grabando, etiquetando y catalogando todo lo que salía en los distintos noticieros, programas de actualidad y canales de noticias. Horas y horas de archivo, que se fueron convirtiendo en días, semanas, meses, años. Y todo grabado en cintas de VHS que ocupaban enormes espacios físicos de las productoras. Pero valía la pena. Como espectador era todo un regocijo volver a ver declaraciones como la del ex Presidente Menem hablando de las naves espaciales que nos remontarían a la estratósfera para depositarnos en una hora en lugares como Japón, Corea o cualquier parte del mundo. O escuchar a Elisa Carrió decir que su límite era Macri. O a Eduardo Duhalde diciendo que quien depositó dólares, recibirá dólares.

Menudo trabajo el de los editores de esos programas de TV, debiendo buscar en semejante archivo las declaraciones de años atrás de funcionarios y dirigentes, para compararlas y ponerlas en contraposición con sus declaraciones o acciones posteriores.

Hoy, la digitalización y la aparición de plataformas como YouTube, donde todo queda registrado en la famosa nube, debe hacer mucho más fácil la recopilación del material. Y más fácil aún se lo hacen nuestros queridos dirigentes. Ya no necesitan ir tan atrás. Las contradicciones se dan de un mes a otro. A veces en semanas. A veces es días…

El ejemplo más reciente lo tenemos en Alternativa Federal. Ahí los teníamos a Massa, a Pichetto, a Lavagna coqueteando, y a los que, nobleza obliga, al menos hasta hoy siguen allí, Urtubey y Schiaretti. Ellos eran la antigrieta. Supuestamente representaban al 40% de argentinos que no querían a Macri ni a Cristina. La ancha avenida del medio, que hoy ya no sería tan ancha. Quizá ya ni siquiera es avenida. Apenas una calle, o un pasaje…

Lavagna se cortó solo y armó Consenso 19. Si, Consenso 19. Quizá usted no lo escuchó nombrar nunca en su vida, y posiblemente no lo vaya a escuchar. Pero existe, o algo así.

Massa se fue con el Kirchnerismo al que (luego de pertenecer) se cansó de criticar.

Y Pichetto será candidato a vicepresidente de Macri. Es un caso raro Pichetto. Desde sus declaraciones el gobierno de Macri era un desastre, a pesar de que desde su rol como jefe del bloque peronista en el Senado le fue bastante servil. Y es que, en el fondo, Pichetto piensa parecido. Siempre fue el ala más derechista del peronismo. Quizá nunca debió ser peronista. Ideológicamente está mucho más cerca del Pro. Defensor del capitalismo. Xenófobo.

Pero está bien. Enhorabuena que las cosas vayan decantando y acomodándose. El discurso moderado y antigrieta será muy ameno a los oídos, pero es una mentira en la Argentina de hoy. Porque la grieta existe y va a seguir existiendo. Y en la medida que la brecha entre ricos y pobres crezca, la grieta también va a crecer. La ancha avenida del medio será cada vez más angosta en tanto siga desapareciendo la clase media en Argentina. Es hora de sacarse las caretas.

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