La desesperación por frenar el flujo migratorio ha llevado a los países que integran el bloque de la Unión Europea a forjar un polémico acuerdo con Ankara para devolver al país vecino a todo extranjero que llegue ilegalmente a las costas griegas, incluso a los sirios.
A cambio, la UE se compromete a traer desde Turquía a un número de refugiados equivalente al de expulsiones. El trato, que anoche cerraron en Bruselas los jefes de Estado y de Gobierno, incluye otras tres condiciones para Europa.
Estas son el aumento de los 3.000 millones de euros destinados a Turquía para atender a los refugiados, eximir a sus ciudadanos de la necesidad de visado para viajar a la UE y avanzar en el proceso de adhesión al club comunitario.
El punto preocupante es que los líderes europeos pasaron por alto una reciente ofensiva del gobierno turco contra la prensa opositora y tampoco dudaron en aceptar la deportación de sirios, pese a venir de un país en guerra y a que tienen el derecho de pedir asilo para recibir protección internacional.
La organización Amnistía Internacional dijo que el principio de acuerdo es “inhumano” y presenta “defectos morales y legales”, mientras que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados consideró que el plan viola las leyes europeas e internacionales.
“La expulsión colectiva está prohibida por la Convención Europea de Derechos Humanos, y un acuerdo que parece que establece la expulsión directa de extranjeros hacia un tercer país no es consistente con la legislación europea ni con la legislación humanitaria internacional”, dijo el responsable europeo de Acnur.
El funcionario, Vicent Cochetel, puntualizó que aún se desconocen las garantías que se aplicarían previamente a la expulsión, aunque mostró su estupefacción por el hecho “de que la Unión Europea establezca un acuerdo con un país tercero que tiene menos garantías que uno entre naciones comunitarias”.
AI, por su parte, dijo en un comunicado que la “preocupación persistente” por enviar a la gente de vuelta a Turquía en vez de “hacer esfuerzos incondicionales sobre la reubicación” y ofrecer otras formas seguras y legales para Europa, muestra una actitud “alarmante y miope”.
Los líderes se centraron así en un nuevo plan para motivar la cooperación con la UE que el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, puso ayer sorpresivamente sobre la mesa durante una cumbre entre los jefes de Estado y Gobierno del bloque europeo y el jefe de gobierno de Turquía.
La cumbre en Bruselas era considerada una de las últimas oportunidades de la UE para acordar una estrategia a largo plazo que le permita lidiar con la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.


































