Otra barcaza naufragó en el Mar Mediterráneo segando la vida de 18 refugiados, a pocas horas de la crucial reunión de los líderes de la Unión Europea con el primer ministro turco Ahmet Davutoglu.
La Guardia Costera turca informó que logró salvar a 15 personas cerca de la localidad de Didim, en el suroeste del país, sobre la costa que une a través del mar Egeo al país con las paradisíacas islas griegas, un trayecto que se ha convertido en un cementerio para miles de refugiados en el último año.
Según la ONU al menos 400 refugiados e inmigrantes, que intentaban escapar de la violencia y el hambre absoluto en Medio Oriente y África, fallecieron cruzando esa parte del Mediterráneo en lo que va del año, mientras que más de 3.700 murieron buscando alcanzar las costas de Grecia e Italia en todo 2015.
Mientras tanto esta semana, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, cristalizó el clima de opinión política anti migratoria que domina en la UE y anticipó el tono de la cumbre de este lunes con Turquía.
“Apelo a todos los inmigrantes económicos, de donde quiera que procedan, a que no vengan a Europa, que no crean a los traficantes y que no pongan en peligro sus vidas y su dinero”, sostuvo desde Atenas, dejando en claro que la UE no los dejará entrar.
Más tarde, en su carta de invitación a los participantes de la cumbre, Tusk explicó que el objetivo es reducir el flujo de inmigración irregular que llega a Grecia desde Turquía a través de un sistema de devolución “rápido y a gran escala”.
El objetivo europeo es lograr “devolver” de manera inmediata a Turquía a todos los recién llegados que no entren dentro de su cada vez más limitada definición de refugiados, para evitar que estos tengan tiempo de emprender viaje hacia el norte, a través de los Balcanes y hasta Alemania o los países nórdicos ricos.


































