La última semana permitió a los argentinos conocer la verdadera cara detrás de los candidatos de Cambiemos. Lejos de los dislates y metidas de patas de aspirantes a un lugar en el Parlamento como Esteban Bullrich, por el contrario, Elisa Carrió y Graciela Ocaña esconden personalidades sombrías, capaces de cualquier cosa con tal de ganar el domingo.
Ambas mostraron preocupantes posiciones en temas de suma gravedad y desnudaron la capacidad de encubrir las afrentas contra la libertad y la democracia a la que nos ha sometido el gobierno de Mauricio Macri.
Sus posiciones en torno a la desaparición forzada de persona -así está caratulada la causa de Santiago Maldonado-, en la cual han hecho la vista gorda, miraron hacia otro costado, se negaron siquiera a reconocer la gravedad del tema y la complicidad de las fuerzas de seguridad con el poder Ejecutivo. Avalaron que se realice inteligencia contra la familia de Santiago, periodistas y la comunidad mapuche. Todo vale para estas señoras, pero más temprano que tarde, la verdad presiona por salir.
Defendieron a ultranza a las fuerzas sospechadas de haber “chupado” a Santiago. Saben todo y están al tanto de cada paso que se dio en la causa, pero eligieron negar, tapar, evadir para no ser parte. Eligieron concentrarse en lo inmediato, la campaña. No tuvieron reparo en frenarse ante la abrumadora evidencia y pensar… momento, hasta acá estoy dispuesta a tolerar. Por el contrario, convalidaron el vergonzoso accionar del gobierno y las fuerzas.
No solo faltaron a la verdad, sino que en sus declaraciones públicas ambas candidatas desviaron deliberadamente la atención, con tal de llegar ilesas a los comicios. Carrió buscó poner el acento en una presunta conexión internacional con la comunidad mapuche de Chile. Ocaña intentó desentenderse del tema y se lavó las manos a lo Pilatos. Mienten, niegan y encubren, pero se hacen ver como paladines de la honestidad y la lucha contra la corrupción.
Estamos atravezando horas decisivas, una semana bisagra que definirá el rumbo que tendrá el país en los próximos años, o décadas.
Elisa Carrió y Graciela Ocaña mostraron su costado más oscuro: la indiferencia ante el dolor de una sociedad que clamó por Santiago Maldonado. El desinterés por encontrar respuestas concretas ante la embestida del aparato del Estado.
El domingo 22 no se juega una elección parlamentaria más. Es el derecho a vivir en absoluta libertad, de manifestarse, de pensar distinto, de levantar la voz contra la opresión estatal. El domingo se siembran las bases de la argentina que construiremos para las próximas generaciones. Que no haya otro Santiago Maldonado depende de todos nosotros.