Lejos de estar ante un crecimiento genuino, los índices de septiembre confirman lo que los economistas no oficialistas vienen declamando durante las últimas semanas. Los números que exhibe el gobierno como muestras de un crecimiento genuino, son claramente un rebote técnico de un 2016 desastroso.
Según un sondeo de la Confederación Argentina de la Mediana Empresas (CAME), las ventas de los comercios minoristas cayeron en septiembre 0,1 por ciento respecto a igual mes del año anterior y acumularon en nueve meses una baja de 2,3 por ciento interanual,
Si bien desde la CAME plantearon que “la buena noticia es que el consumo dejó de caer, al mismo tiempo reconocieron que los negocios se están moviendo con niveles de ventas similares al año pasado, que de por sí fue una temporada mala”
También advirtió un dato de importancia superlaticva, sigue verificándose “mucho desvío de compras a países limítrofes con precios más competitivos como Paraguay y Chile”.
Esta semana, ya la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), advirtió que “para bajar la inflación se apuesta a las importaciones. Muchas Pymes están debiendo vender el stock por debajo del costo para poder sostenerse, ya que no pueden competir con los precios del exterior; otras, deben despedir empleados o directamente cerrar o ‘reconvertirse’ hacia actividades que no generan empleo”.
El panorama no es alentador, pero desde el equipo económico siguen apostando a la obra pública, que si bien es un claro dinamizador de la economía -la construcción en sí misma moviliza otras actividades- relega a los secores industriales que son los genuinos generadores de empleo y consumo. Además, con el proyecto de reforma laboral que tiene en agenda el gobierno, la clase trabajadora muy posiblemente verá, no solo restringidos muchos de sus derechos, sino también una merma en el poder adquisitivo de salario que indefectiblemente empujará aún más hacia abajo al consumo y el mercado interno.