En junio del año pasado, los noticieros de televisión de se hicieron un festín con las imágenes de el ex secretario de obra públicas del kirchnerismo, José López, llegando a un convento de monjas en Moreno, armado hasta los dientes y con bolsos llenos de plata de dudoso orígen.
Las pantallas repetían casi en continuado el momento en que López llegaba con más de 9 millones de dólares repartidos en bolsos, la detención por parte de la Policía Boanerense, el traslado a los juzgados de Mercedes y la icónica imagen de López, con chaleco antibalas y casco, cuando era conducido hasta la cárcel.
El show armado en torno de un episodio tremendo de corrupción duró apenas un par de meses. De modo paulatino la noticia fue ocupando cada vez menos espacio hasta que, prácticamente, desapareció de la agenda informativa.
¿Que pasó desde entonces con José López, con las armas, con los 9 millones de dólares, con las monjas acusadas de complicidad, con el discurso del combate a la corrupción, encarnado esta vez en alguien con nombre y apellido y agarrado en clara flagrancia con armas y dinero?
El dinero de la corrupción,como el tango, necesita dos para que circule: el que lo da y el que lo recibe. A poco de abrirse el juego con las declaraciones indagatorias, el silencio volvió a dominar la causa. ¿Que pasó entonces?
¿Cuántos empresarios amigos del macrismo estaban involucrados en las maniobras a investigar? ¿Cuántas empresas del grupo Macri habrían estado en el medio del pago de coimas para obtener beneficios con la obra pública? ¿Cuántos nombres ilustres del establishment empresario vieron temblar el piso bajo sus pies cuando vieron a Lopecito por televisión? ¿Qué pacto de silencio se podía romper si dejaban que Lopecito abriera su bocaza ante los oídos del juez interviniente?.
Han pasado 15 meses y el caso que se transformó en la bandera de lucha anticorrupción enarbolada por el gobierno ha pasado al más absoluto ostracismo. Desde entonces el macrismo dejó de preocuparse por saber de qué se trata este escándalo. Un escándalo de gravísimas proporciones pero como parece que lo salìca de manera directa, prefiere ocultar y esconder.