Opinión. Por Daniel Capa

Mas allá de la tontería de prometer alivio, mejores salarios, resolver la economía o dar vuelta la elección, los actos de Macri están diseñados para medir con cuanto sobrevive el macrismo en la política nacional y, por ende, como se reconfigura la futura oposición.

Actos de 100, de 1.000, de 20.000 o de 500.000, no rompen el amperímetro del tercio de la sociedad mucho mas espantada por el populismo “malvado” que por la crisis social que generó el plan ejecutado del gobierno saliente.

Y claro que es mucho ser un tercio en esta situación argentina. Históricamente lo fué.

En marzo de 1973, luego de varios años de dictadura y proscripción, el peronismo ganó las elecciones con el 49 por ciento. Allí Ricardo Balbín y Manrique obtuvieron sumados el 36. Y en septiembre, con el triunfo de Perón, el 33.

En 1989, en medio de una crisis económica e hiperinflacionaria, Carlos Menen triunfó con el 48 por ciento y Eduardo Angeloz, con el discurso del lápiz rojo del ajuste, alcanzó un 37.

En 2007, Cristina ganó con el 45 por ciento, en tanto Elisa Carrió por su cuenta, conquistó un 23.

Solo para tomar un par de ejemplos contemporáneos, nomás.

El antiperonismo siempre tuvo un tercio electoral, mucho mas firme ahora que encontró, en el liderazgo de Macri, un canalizador potente que experimentó su proyecto por fuera de las dictaduras a las que siempre acudieron para gobernar.

El radicalismo hoy no concentra parte de ese antiperonismo que solía contener adentro. Principalmente porque desde hace tiempo que su dilución (en especial desde el 2001), provocó la mutación de votantes balbinistas y angelocistas al macrismo.

Lo poco que queda del voto radical mas popular, se reparte entre el kirchnerismo, el FdT y alternativas menores.

Lo que viene en el futuro inmediato del hasta hoy oficialismo, es una fuerte disputa de espacios y liderazgos, donde Mauricio Macri es impulsado a terciar.

Lo mas probable es que, a partir del triunfo avasallante del peronismo el 27, lo que hoy conocemos como Cambiemos estalle definitivamente.

Esto rediseñará el mapa político en los espacios y en el Congreso, y determinará una pelea por conducir.

Pero no solo eso. Macri encabezó un plan de gobierno donde lo central fue el saqueo y la corrupción.

El brutal endeudamiento al que fue sometida la Nación para financiar fugas y negocios especulativos de un sector muy concentrado del capital financiero, sumado a negociados evidentes (conflicto de intereses le dicen ahora), hace necesario un escudo protector para sus ejecutores.

En el macrismo evalúan que un porcentaje electoral propio mayor o similar a las de las PASO, podrían ser base para una cobertura política que disuada (al menos en parte) la actuación judicial futura.

Observan con preocupación los realineamientos que ya se pueden visualizar en lo que fue la coalición de gobierno. La UCR no continuará en ese esquema (al menos buena parte de ella), María Eugenia Vidal actúa por separado de la línea electoral de la Rosada, los intendentes propios parecen vecinos apartidarios y el ala “peronista” está sorprendida hasta de Pichetto.

Mauricio Macri y su núcleo mas próximo están lanzados a ser parte de la discusión dentro del esquema político residual que le quedará al gobierno con su salida. Seguramente ya no representará el amplio abanico de espacios que encabezó para gobernar.

Es muy inteligente de su parte la planificación de los actos que se propusieron, mas allá de la pretensión discursiva de hacer creer que una clase social parasitaria como la que pertenece, pueda plantearse ridículas épicas.

¿Es llamativo el nivel de convocatoria macrista. ¿Es sorpresivo?. No. Son el tercio de la población, como siempre lo fueron.

Tanto tenes, tanto valés, parece ser la prenda de la disputa que indefectiblemente tendrán que librar.

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