Mas temprano que tarde, la verdad siempre emerge. De una u otra manera las evidencias van desandando el camino que los operadores disfrazados de periodistas van trabando a lo largo del derrotero mediático-judicial impulsado por el gobierno macrista para demonizar a la fuerza política con mayor adhesión en la sociedad.

La cantidad de pruebas irrefutables, audios, videos, fotos, capturas de Whatsapp, billetes numerados, y demás evidencias hicieron que Clarín y sus redactores quedaran en off-sede. Así, quedó evidenciado en la columna que escribió Ricardo Roa en el clásico “Del editor al lector” que publica el matutino diariamente.

Roa confiesa, presumiblemente sin darse cuenta que la causa de las fotocopias que tramita el juez Bonadio, denominada no es otra cosa que “una operación”. Lo hace al referirse a las nuevas acusaciones que se conocieron contra el fiscal Carlos Stornelli, cuando el periodista afirma que “apunta a descalificar la operación que más les preocupa y a la que más temen, la de los cuadernos, en la que cada vez hay más arrepentidos”. Más claro, echarle agua.

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