Un estudio da cuenta del fracaso de la gestión de Vidal en Buenos Aires

Los números macroeconómicos en la Provincia caen en picada. Retracción del empleo e incremento consecuente de la desocupación, caída en la producción, reducción en las ventas, el consumo y la recaudación.

María Eugenia Vidal
María Eugenia Vidal, gobernadora de la provincia de Buenos Aires

Según un informe de coyuntura económica realizado por la Consultora Analogías en la Provincia de Buenos Aires durante lo que va de noviembre, la gestión de vidal es un rotundo fracaso.

La encuestadora analizó distintas variables macroeconómicas, relacionadas con el nivel de actividad y empleo, el nivel de salarios, la evolución de los precios, la recaudación y las cuentas públicas, entre otras, y arrojó números negros para la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal.

Los números de la provincia de Buenos Aires, eje y motor de la economía nacional, dan cuenta de la crisis actual: retracción del empleo e incremento consecuente de la desocupación, caída en la producción, reducción en las ventas, el consumo y la recaudación. En este contexto, se espera la elevación para el tratamiento del presupuesto provincial, que acompañando la tónica nacional, conllevará un ajuste del gasto de signicativa magnitud.

La industria manufacturera cayó en junio un 6,4% en relación a igual mes del año pasado mientras las ventas en los supermercados lo hicieron, para el mes de julio: 4,5%, Gran Buenos Aires (GBA) y 4,6%, resto de la provincia. Por su parte, en términos interanuales las ventas de autos y motos se redujeron en septiembre en un 40% y 45%, respectivamente.

En este marco, el empleo continuará la tendencia negativa que marcan los últimos datos publicados sobre asalariados registrados del sector privado: -0,5% en julio (total provincial) y -0,4% en agosto (GBA) respecto de igual mes de 2017.

Refieren a asalariados privados registrados sipa (-0,4% en julio vs julio 2017) y asalariados privados registrados gba (-0,5% en agosto respecto de igual mes del año pasado).

En este cuadro contractivo, la devaluación reciente (agosto/septiembre) ha generado una nueva transferencia de ingresos del trabajo al capital, al elevar los precios de bienes y servicios (especialmente alimentos y tarifas) sin que las remuneraciones y demás transferencias a los asalariados acompañen estos incrementos.

La inflación de septiembre, para el INDEC, fue de 6,6% en el Gran Buenos Aires, acumulando ya un 32,4% en lo que va del año (40,3% en relación al mismo mes de 2017), en tanto que la “oferta salarial” del gobierno provincial, dictaminada por decreto y rechazada por docentes y estatales, apenas toca el 30% anual.

En el marco de la crisis, la recaudación propia se contrae y ya anota, para los primeros nueve meses del año, un 2,6% menos que en igual período de 2017. El gasto público, hacia el primer semestre, estuvo prácticamente estancado (+0,7%), aún cuando las transferencias del gobierno nacional crecieron más de un 28% en términos reales (gracias al resarcimiento

presupuestario que recibió la provincia bajo el acuerdo celebrado en diciembre de 2017). 

El ajuste corrió especialmente a cuenta de los trabajadores del sector público, que sufrieron una caída del salario real, así como por efectos de la merma en la inversión en bienes de consumo.

Los gastos de consumo del gobierno provincial fueron así un 4,5% inferiores (descontando la inflación) a los del año pasado en los primeros seis meses, dato que contrasta con el incremento real de 27% que correspondió al pago de intereses de creciente deuda pública.

El problema de la devaluación no solamente se traduce en el mencionado deterioro social, sino además en el plano scal y nanciero. Al elevarse el tipo de cambio, el pago de intereses se incrementa, elevando el peso del pasivo bonaerense.

La evolución del endeudamiento provincial en los últimos cuatro años indica el deterioro financiero de la provincia bajo la gestión Vidal.

En 2015 el endeudamiento público representaba el 6% del PBG y estaba nominado en un 58% en moneda extranjera (5.419 millones de dólares) y un 42% en pesos (equivalentes a 3.943 millones de dólares), totalizando unos 9.362 millones de dólares.

En 2017 ese total de deuda provincial alcanzó los 13.649 millones de dólares, pasando al 7% del PBG, aunque su composición varió signicativamente: la deuda en moneda extranjera se elevó al 75%, mientras que la contraída en pesos representó un cuarto del total.

En 2018, hacia el primer trimestre (último dato publicado), la deuda provincial era de 10.523 millones de dólares colocados en moneda extranjera y de 206.593 millones de pesos.

Si se traducen esos valores al tipo de cambio de octubre, se observa que el total del endeudamiento público alcanza actualmente el 11,4% del PBG (63% mayor al de 2015), con una composición cada vez más dolarizada (86% en moneda extranjera). 

Este simple efecto de hoja de balance, como resultado del cambio de cotización de la moneda extranjera, multiplica los intereses a pagar en pesos y condiciona el presupuesto de 2019.

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